Nada me sale bien


Si algo nos caracteriza a las gentes del Imperio es que estamos abocados al fracaso. Somos un desastre y la cagamos continuamente, de ahí que no hayamos tenido más remedio que convertirnos en supervillanos. Llevamos el mal en nuestro ser, no por voluntad propia, sino para sobrevivir en este mundo hostil que sólo admite la perfección.

Por eso les hablaré hoy de Rural Woman, nuestra superheroína corresponsal en el Sur del Imperio, el miembro que mejor representa –y con más entusiasmo- nuestro espíritu perdedor.

Conocí a Rural Woman en una comida multitudinaria. Después de la sobremesa, sólo quedábamos en la barra de la cantina lo mejor de cada galaxia. Ella, como no podía ser de otra manera, estaba allí. Pero yo no reparé en su presencia porque necesitaba una señal, algo que llamara mi atención sobre su condición de heroína. Esa señal llegó cuando ella tuvo que usar el servicio de la planta de arriba y, ante la mirada atónita de los presentes, al volver se cayó por las escaleras. Este hecho por sí mismo tampoco es que fuera muy meritorio, pero entonces lo hizo: se descalzó y continuó bajando los escalones con un zapato en una mano y el tacón partido en la otra, como si nada hubiera pasado.

tacon roto

Una imagen tan patética no podía pasar desapercibida para mí. Y enseguida exclamé: “¡esta chica mola!”.

Fue así como Rural Woman consiguió su ingreso inmediato en la Academia, sin necesidad de superar período alguno como padawan. En muy poco tiempo fue demostrando su valía en el noble arte de cagarla dignamente, llegando a alcanzar la gloria en algunas de las misiones que le habían sido encomendadas. Su espíritu de superación parecía no tener límites, y lo demostró con creces estas navidades, cuando decidió pasar la Nochevieja en casa de sus recientes suegros, situada en una galaxia muy muy lejana, con carreteras comarcales de por medio.

Rural Woman cenó y se comió las uvas con sus recién adquiridos suegros y cuñados, aunque después de todo eso se tomó su tiempo para hacer un pequeño reconocimiento del entorno y de sus animadas cantinas y tabernas, pues por algo es especialista en estas lides. Regresó al calor del hogar antes de que amaneciera y, a duras penas, se acostó en esa cama -extraña aún para ella- que su nueva familia política le había preparado, probablemente con todo el cuidado del mundo. En la segunda planta de la casa, donde estaban todos los dormitorios, reinaba el más absoluto silencio. Rural Woman, que apenas había conciliado el sueño, sintió una sensación incómoda que le era familiar: tenía que ir al servicio y tenía que hacerlo ya. Corrió de puntillas por un pasillo que, aunque era como todos los pasillos, no era el de su propia casa y abrió sigilosa una puerta con la esperanza de alcanzar su objetivo. Pero no lo consiguió: un grito inquietante, que provenía de detrás de la puerta, le hizo sujetar los esfínteres al deducir que se estaba metiendo en el dormitorio de su cuñado. Volvió a cerrar la puerta tan rápido como pudo y pensó que, si ya había errado en su primer intento de encontrar el servicio más cercano, podría volver a equivocarse y abrir, por ejemplo, el dormitorio de sus suegros. Por esa razón decidió hacer lo más prudente, es decir, utilizar el servicio de la planta de abajo, del que sí conocía la ubicación exacta. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir:

ruralwoman-falling-down-stairs Rural Woman falling down stairs

Suegros RuralWomanFamilia política de Rural Woman en su auxilio 

Las consecuencias de la caída fueron terribles:

RW lesiones low 

Pero estas lesiones, por muy llamativas que sean, jamás podrán superar a la humillación de tener que dar explicaciones sobre las reacciones incontroladas de tu organismo, pues Rural Woman, mientras era atraída por las fuerzas gravitatorias escaleras abajo, olvidó por qué tenía tanta prisa y sí: se cagó encima.

Es por ello por lo que ha ascendido de rango, y ahora forma parte de la directiva de la Academia. Su hazaña memorable y la acertadísima decisión de sacarse una foto del culo, son los méritos que acreditan un ascenso más que merecido.

Bienvenida a la directiva, Rural Woman. Te esperan largos años de dicha en la Academia. Ahora tienes un gran poder, pero recuerda que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Aunque es un poco tarde porque ya hemos pasado el ecuador de enero, Loca Academia de Vaders quiere hacer alguna mención a las fiestas navideñas, tal y como hizo el año pasado con unas simples recomendaciones para sobrellevar esos días cargados de compromisos sociales.

Y es que la autora es fiel a su mensaje, aunque nunca habría sospechado que estas prácticas podrían llevarla al más absoluto ostracismo.

MJG_ninguneada

Gracias a rural woman por captar este momentazo tan entrañable.

Escribo en el momento álgido del cabreo, aprovechando que aún no se me ha pasado, que conste.

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Resulta que he ido a comprar unos pantalones vaqueros en una tienda que tenía miles… qué digo miles ¡millones de pantalones vaqueros! Me estaba probando muchísimos, con la mala suerte de que los de la talla 42 se me quedaban atascados antes de subir hasta la cintura, y los de la talla 44 me estaban grandes y me hacían unas arrugas espantosas por la tripa (sí, he dicho tripa. Que yo sepa, aún no es delito).

Ante mi desesperación y la de la chica que me atendía, ha venido el dueño (sé que era el dueño por su actitud y el empeño de venderme la moto). El tío se ha empeñado en ver cómo me iban quedando los pantalones, como si yo fuera gilipollas y necesitara que él lo viera, pero como es verdad que soy gilipollas, he accedido. Total, que en una de éstas que se estaba agachando para meterme el bajo, lo ha dicho:

“Es que tu problema es… tu problema es que tienes las caderas anchas y la cintura estrecha. Es un problema que tienen muchas mujeres”

Pero… perooooo… amos a ver, ¡peazo hijoputa! ¿problema? ¡necesitamos las caderas para parir! ¿Qué mierda de civilización es ésta en la que las caderas femeninas son un problema?

Escoria, a ver si te enteras de qué va esto:

Hombre Mujer

 

(juaaaas! m’acabo de dar cuenta de que el dibujico del aparato reproductor femenino tiene un error lamentable. Hala, hala, a fijarse, que está muy fácil)

Los días van pasando y no obtengo respuesta alguna por parte de los Sres. de Coca-Cola. Creo que mi propuesta de colaboración con ellos podría ser muy interesante, pero como sigan así, tendré que buscarme a otros que experimenten conmigo.

No obstante, he decidido darles otra oportunidad y recordarles que podemos renegociar las condiciones. Necesito pluriemplearme y ellos deberían aprovechar esta ocasión para contar entre sus filas con alguien tan capacitado como yo. Bueno, va, que voy a arrastrarme:

¡Por favor, reconsideren mi propuesta!

Miren, les muestro la viva imagen del ansia. Se trata del momento de apertura del sobre de mi última nómina:

VADERNOMINA

Recapaciten, ¿no ven que lo necesito?

 

Si algo ha marcado la infancia de la vader que suscribe, ha sido el incidente ocurrido con el Sueldo Nescafé. Sí, ya saben: esa promoción en la que, aún hoy, se supone que se sortea un sueldo mensual para toda la vida del agraciado.

Nescafe Logo 

Cuando este asunto empezó a obsesionarme, creo recordar que la cuantía del premio ascendía a 100.000 pesetas, una cifra nada desdeñable para un sueldo de la época y, lo más importante, una pasta gansa para una minivader de diez años.

En mi casa se gastaban muchos tarros de Nescafé y todos ellos acababan trágicamente en el cubo de la basura con sus etiquetas intactas. Sólo yo me daba cuenta de que estaban deshaciéndose también de una oportunidad única para dejar de trabajar ¿cómo era posible? Si yo fuera mis padres, me habría gastado la nómina íntegra en Nescafés para enviar el mayor número posible de etiquetas asegurándome, de esta manera, una probabilidad más que alta de ser la ganadora del sorteo, así que no podía entender nada. ¿Por qué ellos no lo hacían?

Tras llegar a la conclusión a la que todos llegamos en algún momento, es decir, que estaba siendo criada por unos gilipollas, decidí participar por mi cuenta. Ya por aquel entonces tenía la expectativa de no conocer nunca las virtudes del trabajo, incluso había pensado en lo que haría cuando dejara el cole, así que me lo tomé muy en serio y empecé a recopilar todas las etiquetas que pude. Como mi idea era mandarlas todas a la vez para impresionar a los señores de Nestlé, me di cuenta de que los tarros de mi casa eran insuficientes. Comenzó entonces una dura época de búsqueda diaria en la basura de mis vecinos y sí, en poco tiempo me hice con una colección asombrosa de etiquetas de Nescafé.

Entonces mandé las cartas sabiéndome ya ganadora. Abandoné el buzón de Correos sonriente y regresé a casa pensando en la vidorra que me esperaba sin dar un palo al agua pues, tal y como decían las bases de la promoción, este sueldo era PARA TODA LA VIDA. Un momento… ¿para TODA la vida? Pero entonces ellos… ¡horror! ¡ellos querrán que muera lo antes posible! Mierda… ¿y ahora qué? ¡van a matarme, seguro!

Llegué a casa.

– Mamá, esto… una pregunta… ¿alguna vez se ha sabido de alguien a quien le haya tocado el Sueldo Nescafé?

– Pues hija, que yo sepa no. Nunca he sabido de nadie, ni he visto a nadie decirlo por la tele ni nada de nada. ¿Por qué lo preguntas? :S

– Nooo, por naaaada (GLUPS)

Era ésta la prueba que necesitaba: no se conocía a nadie a quien le hubiera tocado, ¿por qué? ¡porque estaban todos muertos! Estaba clarísimo lo que hacía Nescafé: tenía a unos sicarios que se encargaban de matar a los agraciados. Como serían muy profesionales, siempre parecería muerte natural. Probablemente dejaban que disfrutaran de un par de mensualidades, tres a lo sumo, para no levantar sospechas y ¡zas! Si no hay vida, no hay sueldo. Nescafé ya no tiene ese gasto absurdo.

Si tenían que matar a alguien era a mí, ya que a una persona de 90 años a lo mejor la aguantaban hasta que muriera sola, pero yo… ¡yo sólo tenía 10! ¡y había mandado cartas por docenas! A partir de entonces empezó mi calvario: mirar debajo de la cama y dentro del armario se convirtió en un ritual diario junto con vigilar a todas las personas que me encontraba por la calle, buscar francotiradores y dejar de contestar al teléfono. Enseguida dejé de salir a jugar a la calle, claro, pero como me obligaban a ir al colegio, me pasaba la vida fingiendo enfermedades.

Afortunadamente pasó el tiempo y nunca me avisaron diciéndome que me había tocado el sorteo. Le tocaría a otro. Seguro que está muerto.

Aunque han pasado ya más de veinte años desde entonces, a veces sigo inquietándome cuando cruzo una esquina. Incluso me parece ver francotiradores acechando desde los tejados, pero sé que se me pasará. Por supuesto, las secuelas me han hecho desconfiar de este tipo de premios y, en alguna ocasión, pienso en la gente muerta por culpa de su ambición. No puedo evitar tener muy presentes a los sicarios de Nescafé cuando veo promociones de este tipo:

Toshiba

Si España gana, tendremos una masacre.

 

 

Tenía asumido que el calificativo “meyder” que se me impuso ridiculizando mi posición de beyder, estaba bastante fundamentado. Pero ha sido hoy cuando he sido consciente de la extrema gravedad del asunto.

Esta semana me encuentro en misión oficial fuera de las fronteras vader, en una labor continuada de exploración y conquista de otros mundos. Para pernoctar y asimilar todos los datos obtenidos gracias a las numerosas tácticas empleadas, he sido aceptada en un modesto hostal, cuyos huéspedes y empleados, evidentemente, desconocen mis planes.

Hoy, día 1 de la misión, me he dispuesto a darme una ducha pausada y relajante (se puede ser combativa, sí, pero limpia y honrada), con la circunstancia de verme en la necesidad de dejar el móvil cargándose mientras tanto, no fuera a ser que tuviera que atender alguna urgencia de la Academia. Al no encontrar enchufes libres, he tenido que utilizar el del baño, colocado junto al lavabo, cometiendo el lamentable error de dejar fuera el teléfono para evitar, en la medida de lo posible, que la humedad hiciera mella en el aparato.

En principio, todo parece muy razonable, pero ¿qué ha ocurrido cuando he entrado en la bañera? Nada importante, excepto que, de repente, me he acordado de Marion Crane. Vaaaale, ya sé que yo no he robado aún un millón de dólares de mi empresa, pero a ella le pasó lo que le pasó en la bañera de un motel, y ¿dónde estaba yo? En la bañera de un hostal (que también acaba en L), sola y vendida en 1 m2, como ella. Además, recordé que la puerta de la habitación no puede cerrarse con llave por dentro y que, al haber dejado la puerta del baño entreabierta para evitar pillar el cable del cargador del móvil, ni siquiera podría contar con oír el ruido del pomo de esta última si a un colgao travestido le diera por entrar a apuñalarme.

17052010914– Dentro de la bañera: el terror de la incertidumbre –

¡Cawentó! –me he dicho- ¿Y qué hago?

17052010911 – Dentro de la bañera 2: la solución ideal –

Sí: me he duchado con la cortina parcialmente descorrida y en algo menos de un minuto, champú y acondicionador incluidos. Atención al detalle del cargador del móvil, el culpable de todo.

17052010918

– Contrapicado desde la bañera –

 

¡Por todos los seres del Reverso Tenebroso! ¿Qué cojones es eso que asoma tras la puerta? ¿Es un pie?

Bueno, he de decir que esta vez he salido ilesa. Espero no haber causado goteras a los vecinos de abajo:

17052010910 Sí, ya sé que no se ve muy bien, pero hasta el radiador chorreaba

Es que ya me estaba poniendo en lo peor, como buena meyder.

Lo peor:

 

Jueves, 9:00 AM.

Servidora acaba de tirar a la papelera el vasito de plástico aún caliente que, pocos minutos antes, contenía una cantidad decente de poción mágica revitalizante, totalmente necesaria para afrontar la mañana laboral.

Despierta y, en cierto modo, contenta por enfrentarme con el penúltimo día de la semana con el lustre y la lucidez propias del aspirante a ganador en el próximo concurso canino con pedigrí, comienzo a percibir los efectos secundarios de la poción mágica, hecho que me obliga a retrasar momentáneamente el inicio de mis actividades lúdico-laborales para dirigirme al cuarto de baño, lugar de escaqueo culto vader donde los haya.

El camino hasta allí es sencillo -recuerdo aliviada. El único elemento peligroso que podría entretenerme es la maldita fotocopiadora, ocupada normalmente a estas horas por sexagenarios que se disponen a ejecutar la tirada diaria de sudokus que, posteriormente, distribuyen entre ellos mismos.

Efectivamente, la fotocopiadora está funcionando a pleno rendimiento. Respiro hondo y, con paso firme, paso ante ella, miro a los sexagenarios, sonrío y pronuncio un buenos días meramente cortés. Lamentablemente una de estas individuas, ávida de pasatiempos japoneses y ajena a mi plan de no ser interceptada, por alguna extraña razón decide entablar conversación conmigo.

Sexagenaria: ¡Hala! ¡Cuántos bolsillos tienen tus pantalones!

MJ: Mmm… pues… sí, tienen bolsillos.

Sexa: Claro, así puedes guardar todas las cosas posibles.

MJ: Sí, supongo.

Sexa: Si yo fuera más joven también llevaría muchos bolsillos. Creo que incluso iría peor vestida que tú.

  

Por fin la segunda (y, afortunadamente, última) parte de este documento estremecedor que demuestra empíricamente que 2009 nunca debió existir.

3.- ADAPTACIÓN AL MEDIO HOSTIL: MI NUEVO HOGAR05032009500

Vivir en una buhardilla podía parecer una buena idea. Eso de dormirte viendo las estrellas y los murciélagos a través de la Velux pintaba muy bien.

Nueva Lección: si vas a ventilar la habitación, asegúrate de que no esté granizando. Pero si la has cagado como yo, no es necesario correr para arreglar el desaguisado. El granizo del suelo resbala.

 

 

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Una persiana parecía un objeto simple e inofensivo. ¿Recordáis esas persianas verdes cuya única misión consistía en enrollarse sobre si mismas? Pues ésta es azul. Conseguir dos lamas paralelas se convirtió en un reto difícil, muy difícil . Ahora conozco el secreto.

Nueva Lección: tirar hacia ti o hacia la izquierda: persiana sube. Tirar hacia la derecha: persiana baja. Espero que no tenga más posiciones. De todas formas, lo he apuntado.

 

 

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Ésa es mi espalda. Bueno, parte de ella y de mis nunca suficientemente valoradas posaderas, eso sí, con un abrigo por encima. Como podéis observar, este abrigo lleva una trabilla con dos botones. En un momento dado uno de ellos se descosió, concretamente el de la izquierda, y tuve que coserlo yo misma. Veamos el resultado:

 

 

 

 Cosido monger

Varios días anduve por ahí de esta guisa hasta que Zam Wesell me acompañó al interior de un cajero barajando la posibilidad de hacer una nueva mudanza. Entonces, gracias a la iluminación artificial, lo vio. Sus carcajadas me hicieron sospechar que algo no iba bien. Supongo que no pudo reprimirlas (ella es más de callarse y dejarme hacer el ridículo unos días más) y acabó confesando.

Nueva Lección: quizás no sea tan conveniente tener a la Sra. Garland a más de 50 Km de distancia. Ella habría sabido que hay que mirar dónde coser el botón. Por lo visto no vale un trozo de tela al azar.

 

 

Secadora

 

 Mi nueva guarida me daba derecho a utilizar un electrodoméstico entonces desconocido para mí: la secadora. Enseguida comprobé todas sus virtudes: me permitía tener mi ropa preparada en una tarde sin usar tendedero alguno ni depender de los ratos de sol y, lo más importante, evitaba que utilizara la plancha. De verdad, os prometo que la ropa sale seca y preparada para guardar. Un gran descubrimiento, un regalo de los dioses, la panacea de la arruga ¡cómo iba yo a dejar de meter ahí ni una sola prenda! 

 

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He aquí cómo acabaron el año mis sostenes, mis puntales ergonómicos, mis encofrados de la pubertad… todos listos para tirar a la basura. Algunos tuertos, otros totalmente mutilados… un desastre de la ingeniería lenceril.

Nueva Lección: no se pueden meter los sujetadores en la secadora, especialmente si tienen aros. En poco tiempo empezarán a salirse y puedes perderlos en cualquier bar o, en el peor de los casos, morir degollada cuando se te claven en el cuello.

 

 

4.- TIMOS Y DESENGAÑOS.

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El paintball no es tan divertido. Y sí, “eso” es un bolazo y pica. Si algún desalmado intenta convenceros para que juguéis a esto ¡huid! Probablemente él sea habitual y tenga incluso equipación propia, se cebará con vosotros y os dejará marcados y arruinados, pues querréis aniquilarlo y compraréis varias recargas de bolas. Es que los puñetazos, por lo visto, no valen.

 

 

Espidifen alb

El Espidifen original siempre fue bueno conmigo. Le debía fidelidad, pero ahí estaba en la farmacia el nuevo Espidifen sabor albaricoque, mirándome fijamente e incitándome para que lo eligiera a él. La tentación me venció y sucumbí ante el encanto de la novedad. Gran cagada. Me compré una caja entera.

Os recomiendo que no lo probéis bajo ningún concepto. Es un fraude similar a cuando sacaron los dentífricos de sabor naranja, ¡puaj! 

 

 

Pero la lección más importante que me ha dejado 2009 es que, aunque seas un auténtico desastre y un ser lamentable hasta la médula, aunque pretendas vivir como una vader y el resultado siempre acabe en el más absoluto ridículo, jamás debes perder tu identidad de loser. Ni siquiera en la boda de tu primo (aunque te hayan obligado a disfrazarte de niña repollo).

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Quiero aprovechar estas últimas horas del año para decirlo ya de una vez por todas: 2009 ha sido un año de mierda, un cúmulo de despropósitos. Mirad si no:

1.- MI CUMPLEAÑOS EN 2009.

No es de recibo pasarse la tarde anterior preparando una suculenta tarta de queso para acabar como acabó: entre mi estómago y mi cubo de la basura. ¿Y todo por qué? Pues porque, aun habiendo convocado a un determinado número de humanoides y androides, servidora amaneció de esta guisa:

Conjuntivitis Mortal... ¡Felicidades!

Pero la tarta estaba hecha ¡y por mí! No tuve más remedio que apagar las velas sola y tuerta. Bueno, no tan sola, que mi gata se sentó a la mesa. Tuvimos una charla interesantísima, lo reconozco, especialmente porque, por fin, alguien me dejaba hablar. Me despaché bien a gusto, que una ocasión como ésta no la veo yo todos los días, ni siquiera con los dos ojos sanos.

De la charla con mi gata aprendí una lección valiosísima: para celebrar algo, sal e invítate a una ronda si puedes, pero nunca lo prepares tú. Si te es imposible, como es el caso, ponte el anillo, hazte invisible y que te busquen.

Evidentemente, no hubo más remedio que posponer la celebración. Pero algo que había empezado tan mal, sólo podía acabar de una manera: peor.

Mara Jade celebra su cumpleaños en un hospital tras dar un pequeño tropezón

Afortunadamente, 2009 me dejó una segunda lección: ante un esguince en plena recuperación, si te quitas el vendaje al cuarto día puedes ver cómo será tu pie en modo cadáver. Es genial.

No es Laura Palmer, es el pinrel de Mara Jade. Necrofilia y fetichismo se dan la mano en una sola foto, oiga.

2.- VENDAS QUITADAS DE LOS OJOS.

Tú vives en tu mundo multicolor de ilusión y fantasía. Como te funciona estupendamente, no necesitas que nadie venga a mostrarte la cruda realidad. A continuación, una recopilación de los mejores bocados de realidad que me han pegado en este año maldito.

- Pon el pie junto al de tu abuela. Compara los dedos, ¿no lo ves? Acabarás teniendo los pies igual que ella.

La verdad es que lo sospechaba, pero no lo quería ver. Es muy triste constatar que cuando le sugieres a alguien del trabajo que "corte y pegue", haga acopio de este material.

Tranquilidad, que esto se acaba ya. Mañana (o pasado mañana) podréis deleitaros con otra tanda de subnormalidades y desgracias varias que han hecho de 2009 un año lamentable, todo ello gentileza de esta, vuestra academia.

… o esas cosas raras que sólo me pasan a mi.

Para los que no estéis al tanto (o para quien quiera recordar), los antecedentes del pijo Sith ER aquí.

Después de algún tiempo, ER me citó en La Latina, una barriada imperial en la que abundan los perrifláuticos Sith antisistema con ropa andrajosa de marca y coche comprado por papá. El encuentro fue como lo eran todos, frío, distante y totalmente antinatural.

Deambulábamos ambos por callejones siniestros en busca de una cantina mientras él lucía orgulloso su pecho palomo y yo, pobre de mi, no tenía nada de qué hablar, cuando se nos acercó un muchacho. ER y él se saludaron efusivamente. Resultó ser ¡oh casualidad! uno de sus mejores colegas y compañero de golf al que yo, por supuesto, no conocía. Era mucho más feo que ER y mucho mejor persona o, al menos, eso parecía.

ER no tardó ni un segundo en obligar a su amiguito a participar en nuestra cita.

Entramos los tres en una de las cantinas y pedimos unas cervezas. En el otro extremo de la barra había tres mozuelas de aspecto vader. ER comentó que creía conocer a una de ellas.

Una hora después tuve que hacer una visita al excusado y, cuando salí, me di cuenta de que la franja de barra que teníamos ocupada dos minutos antes, estaba vacía.

¡Glups! Se han ido sin mi, pensé.

Pero no. Eso deberían haber hecho. El amigo de ER estaba hablando por teléfono en la calle. A continuación visualicé a ER, que me hacía señas junto con la mozuela a la que creía conocer.

¡Qué lamentable!. Ha esperado a que me fuera a mear para hablar con ella. Eso debe ser por algo.

Me acerqué hasta donde estaban (el amigo de ER seguía en la calle).

ER: Mara Jade, te presento a Analí.

ANALÍ: ¡Hola Mara Jade! Perdona, pero tu cara me suena muchísimo.

MARA JADE: Jo, pues a mi la tuya, no. Pero yo soy un desastre.

ANALÍ: No sé… quizás del curro. Yo trabajo con niños.

MARA JADE: Yo me los como, así que no va a ser de eso.

ANALÍ: Pues no sé… ¿dónde vives?

MARA JADE: Allá en la 3ª constelación intergaláctica.

ANALÍ: ¡Jodeeeer! ¡Ya está! ¡Tú eres amiga de Zutanita! Ya me acuerdo de ti.

MARA JADE: ¡Coño, Analí! ¡Es verdad! La compañera de curro de la Zuti.

ANALÍ: Hombre, claro, como que yo he estado ya dos veces en el cumple de Zuti.

MARA JADE: Entonces también has estado en el mío, que la Zuti y yo lo celebramos siempre juntas porque nos llevamos un día.

De pronto percibí el desinflado del pecho palomo de ER. Su cara comenzó a adquirir una tonalidad verdosa. Eso me gustó.

ER: ¿Nos vamos a buscar a mi amigo a la calle, Mara Jade?

MARA JADE: ¿Estás de coña? ¡Perdone! ¿nos puede poner otro reo por aquí?

ANALÍ: ¿Y tú de qué conoces a ER? Es que lo estoy flipando.

ER empezó a pasearse nervioso por la cantina.

MARA JADE: (caña en mano) ¡Bah! De una noche por ahí, ¿y tú?

ANALÍ: ¡Jajaja! Yo también, pero ya le di boleto.

MARA JADE: Pues creo que yo se lo acabo de dar. ¿Brindamos?

Efectivamente. No hizo falta hacer nada más.

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