¿¿Lo cuálo?? Pues eso mismo: la especie humana merece extinguirse por motivos como éste.

Después de los dos primeros capítulos (I.- Usar tanga y II.- ¿Higiene íntima?), Loca Academia de Vaders retoma su interesantísimo monográfico “Cosas que un día alguien decidió que hiciéramos” con esta práctica espeluznante de la depilación de los bajos, una idea maligna que refleja la decadencia más absoluta de la humanidad.

En la Academia no permitiremos que nuestras padawan pierdan su tiempo con más actividades absurdas. Bastante lo perdemos ya con la depilación de las piernas y las axilas para que no nos apedreen por la calle, como para introducir otro elemento depilable más. Hombre, por Dios.

Hace algunas décadas las señoras no se depilaban las piernas ¡y llevaban falda, oiga! Pero un buen día a alguien se le debió ocurrir que tanto tiempo de ocio podría ser peligroso. ¿Y si les daba por pensar en muchas cosas? ¿y si, además, llegaban a conclusiones que pudieran molestar? Lo mejor era encontrar algo que las mantuviera muy entretenidas y de lo que no pudieran prescindir. La depilación, qué gran invento. Sólo había que asociar el pelo con la dejadez o, mejor aún, con la falta de higiene personal. Visto así es absurdo, pero funcionó. Ahora todas (casi todas) empleamos tiempo en la depilación, sobre todo cuando vamos a tener que lucir piernas o axilas (nota para el género masculino: las axilas son lo que para vosotros se llaman sobacos). Esta costumbre ha calado hondo, muy hondo. Tanto como para que, en vez de renegar, muchas de las propias afectadas asuman esta labor como algo gratificante y se dediquen a acusar de guarra a la que no luce una depilación óptima. ¿Y ahora pretendéis que también nos quitemos los pelos de ahí abajo? ¡Vamos hombre!

Queridas padawan, soy consciente de que muchos jovencitos que andan sueltos por ahí os demandan un chichi pelado, como si fuera la cosa más normal del mundo. No lo es, os lo aseguro. Son unos niñatos malcriados cuyo gusto por la carencia de vello sólo puede deberse a una de estas dos causas:

a) Que sean pedófilos.

b) Que sean gerontófilos.

En cualquier caso yo me alejaría de ellos inmediatamente. Si buscáis un poco, seguro que encontráis hombres de verdad, con la salud mental deseable en una persona y que os acepten con aquello que la naturaleza os ha dado, que seguro que es mucho. Además, estoy convencida de que esa clase de niñatos serán los primeros en caer en la inminente invasión zombi que nos acecha, ya que los pantalones cagaos les dificultarán enormemente la huida. ¿Querréis tener a vuestro lado a alguien así en semejante situación? No lo creo.

Si queréis pruebas de que no a todo el mundo le gusta esta barbaridad, aquí tenéis lo que dijo al respecto el director de cine Bigas Luna en la revista Yo Dona:

BigasLuna

Reconozco que en un principio no le dimos mucha importancia a este asunto de la depilación genital en la Academia, pues estábamos convencidos de que las mujeres lo hacían de forma puntual, como si fuera una experiencia más que vivir. Nos parecía imposible que una práctica tan sádica se convirtiera en algo habitual, así que nos limitamos a hacer una serie de entrevistas a mujeres que se habían depilado el pubis alguna vez. A continuación, les trasladamos algunos extractos espeluznantes de aquellos testimonios:

Te pica mucho ¡muchísimo! Y enseguida, al día siguiente o a los dos días. Vas andando por la calle y te tienes que rascar o crees que te vas a volver loca. Yo tuve que meterme en varios portales para rascarme sin que me vieran y en uno me pillaron rascándome fuerte con las dos manos, ¡qué vergüenza!

Cuando empezaron a salirme los pelillos otra vez lo pasé fatal. Aparte de los picores espantosos, me comía mucho la cabeza cuando estaba en pleno asunto con mi chico porque pensaba que los pelos iban a pinchar el condón.

Yo lo hice, sí, y no volveré a hacerlo. Mi novio también se depiló y cuando follábamos nos escocía por el roce. Pero lo peor vino cuando empezaron a salirnos los pelos a los dos a la vez. Fue horrible. Cuando lo hacíamos nos picaba muchísimo y sonaba ¡ras, ras! parecía que teníamos velcro.

Pero contra todo pronóstico, nuestras investigaciones nos condujeron a una conclusión: ya no era algo puntual; era lo normal. Si reconocías no practicar semejante barbaridad, la interlocutora se justificaba diciendo que lo hacía por higiene –lo que te dejaba a ti en el lugar de, digamos, una auténtica cerda- o, lo que es peor aún, se asombraban ante tu falta de higiene y te llamaban guarra a la cara. Veamos como está el patio con este asunto gracias a los comentarios de un foro de internet:

Foro06

La criatura está desesperada, desde luego. Las contestaciones son para salir corriendo, pero ninguna me ha dado tanto miedo como ésta:

Foro04

¿Pelos enquistados en el monte de venus? Por favor, que venga ese ataque zombi ya.

Veamos ahora a uno (o una, no sé) que tiene ya como “fantasía” hacérselo con una mujer con vello púbico, dando a entender que no es nada fácil encontrarse a una así: 

Foro01

Pues parece que no debe ser fácil viendo respuestas como ésta:

 

Foro02

¡Agggg! ¡Que este chico sea estéril, por Dios!

¿Pero cómo hemos llegado a esta situación en la que nos estamos depilando todo? ¿Cómo es posible? ¿Es que el pelo crece sólo para fastidiarnos? Pues no. El vello corporal tiene muchas funciones:

– Dota a la piel de grasa para protegernos mejor del exterior. Aunque la superficie de la piel ya sea grasa, probablemente el pelo juegue un papel importante. Seguramente la grasa producida por el pelo nos ayude a preservar nuestro organismo de irritaciones crónicas, infecciones y otros males.

– Mantiene la temperatura de la zona. A algunos animales incluso los protege de la humedad. Es habitual ver a los perros sacudirse cuando se mojan, que para algo tienen ese pelaje.

– Nos preserva de traumatismos (lo siento por los calvos; qué putada).

– Suele salir en zonas donde son habituales los roces, por ejemplo en el pubis. El cuerpo, que es muy sabio, sabe que tarde o temprano vas a pillar y no va a consentir que la fricción desmesurada te deje en carne viva y horrorizada ante la posibilidad de volver a echar un polvo en el futuro.

etc.

En resumen: si nos quitáramos todo el pelo del cuerpo, seríamos mucho más frágiles.

Por tanto, queridas (y últimamente queridos) automutiladoras, os ruego que dejéis esta práctica sádica que sólo puede traernos el mal a nuestras vidas. Si seguís por este camino, dentro de poco depilarse el pubis será tan habitual y socialmente obligatorio como lo es hoy depilarse las piernas; por eso os considero unas TRAIDORAS a nuestro género y sois mi objetivo número uno como enemigas a las que exterminar. Y no sólo eso: tendréis también la culpa de que se pierdan expresiones tan nuestras como “tira más pelo de coño que maroma de barco”, y por ahí no paso.

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