Ser Vader y pobre es difícil, ya lo sabemos. Compaginar ambos aspectos requiere mucha pericia, pero gracias a la Academia y sus sabias enseñanzas todos podemos darnos caprichos que antes sólo podían permitirse los ricos.

Un ejemplo claro de todo esto es lo relativo al tema sexual. ¿Por qué creen ustedes que la gente adinerada tiene perversiones sexuales tan raritas? Pues porque pueden, está claro. Y como nosotros no podemos, tenemos que tratar esas cuestiones como meras extravagancias. Pero tranquilos: Rural Woman, esa mujer que se ha convertido en un icono dentro de la Academia, descubrió un artilugio asequible a nuestros bolsillos con el que podemos tener nuestra propia rareza sexual, sin necesidad de acudir esta vez a nuestros proveedores de Secret-Toys (aunque recomendamos muy mucho hacerles una visita de vez en cuando). Se trata de LOS PAÑUELOS MENTOLADOS DEL MERCADONA.

Mentolados

Según se rumorea en la Academia, Rural Woman fue un día a hacer pis al baño de una cantina, pero el papel higiénico se había agotado. Una amable señora sacó de su bolso un paquete de pañuelos de papel y le ofreció uno en un gesto de generosidad sin precedentes. Rural Woman se dio cuenta enseguida de que se trataba de pañuelos mentolados o de eucalipto, pues echaban una peste que tiraba p’atrás. Pero aún así, la necesidad la obligó a secarse los restos de su apresurada micción con aquellos pañuelos tan especiales y… ¡desde luego que eran especiales! Le produjeron un cosquilleo tan agradable que no tuvo más remedio que acudir al Mercadona más cercano y conseguir nuevo material con el que experimentar.

Pañuelos mentolados

Y fue así como empezamos a utilizar estos pañuelos en la Academia, más que nada por comprobar todas sus propiedades. Ahora podemos dar fe: si te limpias con eso, da gustirrinín, ¡qué duda cabe! Son maravillosos. También podemos asegurar que es válido para ambos sexos, pues hemos sabido de señores que los han usado convenientemente después de hacer pipí y han salido del baño prácticamente con espasmos. Incluso hay parte del alumnado muy partidario de usarlos antes echar un kiki, pues aseguran que, al actuar como un vasodilatador, el polvo debería ser mucho más placentero.

Yo sólo sé que esto se nos está yendo de las manos, pues cada vez hay más adeptos a esta práctica. Y también que los koalas han dejado de parecerme unos animalitos adorables: claro, todo el día pegados al eucalipto, abrazados al tronco y refrotándose con él. ¡Unos viciosos es lo que son!

koala australiano

¡Degenerao! ¡Qué asco!

 

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