Aunque podría parecer un ejercicio de vaguería absoluta, me dispongo a transcribir íntegra la columna publicada en El Mundo de ayer, 6 de enero de 2011, firmada por Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria.

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Y es que esta pobre delincuente potencial, poco tiene que añadir a estas palabras. Que lo disfruten.

TIEMPO DE DELATORES

Nadie es perfecto yo tampoco. Ahora bien, visto lo que a uno le rodea, creo que me puedo considerar de los buenos. Siempre he dicho que de los políticos, de aquellos que administramos los asuntos de los ciudadanos, debe saberse todo.

Miguel Ángel Revilla sería incapaz de robar. Se considera un privilegiado ejerciendo la tarea que ni en sueños se habría imaginado: ser presidente de su Cantabria infinita y ganando 3.400 euros al mes. Hace días oí a un sociólogo que si alguien con 50 años no se había emborrachado alguna vez, no era normal. Pues yo tengo 68 y jamás me he emborrachado.

Sólo bebo vino tinto en las comidas, jamás he probado la cocaína, ni el hachís ni la marihuana. Una vez cometí la indiscreción de contar mi primera experiencia sexual a los 18 años y casi me lapidan. Nunca he fumado un cigarrillo…, pero soy como Mariano Rajoy: un empedernido fumador de puros.

Hace años, doña Elena Salgado, ahora vicepresidenta y ministra de Economía, y entonces ministra de Sanidad, dijo públicamente: “qué pena que un presidente que me cae tan bien tenga un defecto tan gordo: fuma puros”. Me ahorro la réplica que le di. Soy consciente de que es un fallo que tengo y que asumo.

Seguro que el tabaco es malo. Insto a mis conciudadanos a que no fumen. Pero al mismo tiempo, en uso de mi libertad personal, afirmo que seguiré fumando mi puro después de las comidas. Eso sí, respetando rigurosamente la ley, a pesar de considerarla talibanesca. Es más, si en un acto de absoluta coherencia el Gobierno decidiera prohibir el tabaco, juro que lo dejo.

Yo no tengo jefe de imagen, pero siempre hay voluntarios que se prestan a darte un buen consejo. Revilla, “esconde el puro” que te están sacando fotos. Yo entonces me crezco y lo pongo en la boca.

Como todos los fumadores, el día 2 de enero era una fecha marcada en nuestras vidas. Muchos días antes, como yo, muchos españoles planificamos un cambio brusco en nuestros hábitos. ¿Cómo será el día después? Han pasado ya 48 horas y puedo hacer mis reflexiones. He comprobado que el hombre tiene una gran capacidad de adaptación. Fumo menos, como más en casa y paseo más. En principio, todo positivo. Ahora bien, lo que más me ha impactado ha sido escuchar las recomendaciones públicas de que cualquier ciudadano puede denunciar a otro que infrinja la ley y guardar su anonimato. Y se añadía que ya en las primeras horas del día 2 había cientos de denuncias.

Hubo un tiempo en que la profesión de delator, soplón, chivato, tenía una gran población activa. Nos imaginamos en los tiempos de la Inquisición los miles de ciudadanos que hicieron carrera llevando la hoguera a supuestos herejes; en la época del nazismo, los que descubrían judíos, o en la época de Franco, donde los confidentes que veían rojos en cada escalera eran recompensados incluso con estancos. La mayoría de los asesinatos en España entre 1936 y 1945 fueron motivados por soplones. Pero la llegada de la Transición y la democracia a España, a partir del año 1979, prácticamente arruinó la carrera de delatores, soplones y chivatos.

La declaración gubernamental instando a la denuncia del vecino ha resucitado atávicos sentimientos genéticos de muchos españoles que creíamos fenecidos, pero que simplemente estaban adormecidos.

Cuando salgo ahora a la calle y enciendo mi puro, miro de reojo y no sé si la sonrisa del vecino es de respeto o encubre una forma delatora.

He recibido varios anónimos con textos así: “Revilla, te vamos a cazar”. Otros, que son amigos, me recomiendan que tenga cuidado, pues van a por mí.

Con mi puro encendido y soportando los rigores del mes de enero, camino por el paseo de Pereda y tengo cuidado de no marchar por la acera del parque, ya que no sé bien los metros de distancia permitida. Luego vuelvo a cambiar mi rumbo porque me topo con un consultorio médico.

Seguro que posiblemente esté demasiado preocupado, pero entenderán que, si después de 68 años sin cometer tropelías, me encontrase con un titular de prensa donde se afirmase que han cazado a Revilla fumando su puro en un lugar prohibido, sería mi final político y ciudadano.

Supongo que los juicios de los cazados por las denuncias de otros ciudadanos serán juicios rápidos, dado el cúmulo de denuncias que llegará a los juzgados. Nuestra Justicia, que ya es lenta, tendrá ante sí un trabajo que exigirá más plantilla y horas. Se abandonarán los casos menores de la corrupción: los Gürtel, los Malaya…

Son tiempos de priorizar y lo importante es lo importante.

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