Escribo en el momento álgido del cabreo, aprovechando que aún no se me ha pasado, que conste.

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Resulta que he ido a comprar unos pantalones vaqueros en una tienda que tenía miles… qué digo miles ¡millones de pantalones vaqueros! Me estaba probando muchísimos, con la mala suerte de que los de la talla 42 se me quedaban atascados antes de subir hasta la cintura, y los de la talla 44 me estaban grandes y me hacían unas arrugas espantosas por la tripa (sí, he dicho tripa. Que yo sepa, aún no es delito).

Ante mi desesperación y la de la chica que me atendía, ha venido el dueño (sé que era el dueño por su actitud y el empeño de venderme la moto). El tío se ha empeñado en ver cómo me iban quedando los pantalones, como si yo fuera gilipollas y necesitara que él lo viera, pero como es verdad que soy gilipollas, he accedido. Total, que en una de éstas que se estaba agachando para meterme el bajo, lo ha dicho:

“Es que tu problema es… tu problema es que tienes las caderas anchas y la cintura estrecha. Es un problema que tienen muchas mujeres”

Pero… perooooo… amos a ver, ¡peazo hijoputa! ¿problema? ¡necesitamos las caderas para parir! ¿Qué mierda de civilización es ésta en la que las caderas femeninas son un problema?

Escoria, a ver si te enteras de qué va esto:

Hombre Mujer

 

(juaaaas! m’acabo de dar cuenta de que el dibujico del aparato reproductor femenino tiene un error lamentable. Hala, hala, a fijarse, que está muy fácil)

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