En la primera entrega de “La invasión de los ladrones de huecos”, Loca Academia de Vaders cuestionó seriamente las aptitudes (escasas, muy escasas) al volante del conductor de un Opel azul oscuro, cuya fobia a los contenedores de basura le habían convertido en una escoria para la sociedad, un ser totalmente prescindible para el resto de conductores, alguien, en definitiva, que debería ser apartado de cualquier práctica que precisara trato alguno con grupos humanos.

En esta nueva entrega analizaremos un comportamiento típico que se da en los centros comerciales y similares.

HOY: CÉNTRATE, POR DIOS, CÉNTRATE

Ubicación

Centro comercial Heron City (Las Rozas, ossea)

Marca

Peugeot

Color

Gris metalizado

Fecha/Hora

24 de Abril de 2010/20:16 h

 

Invasion_ladrones

100424 - Heron City

Como ustedes habrán imaginado, mi intención de aparcar en la plaza donde he pintado un signo de admiración se vio truncada por el egoísmo de este espécimen, cuya relación con las rayas, visto lo visto, se limitará a un número indeterminado de visitas al servicio de cualquier antro de moda, asegurándose siempre de que “los colegas” sepan a qué ha ido cada vez para que vean cómo mola.

Esta forma de aparcar acaparando descaradamente plaza ajena, es una falta de respeto tan grande que me dan ganas de llorar y, por qué no decirlo, de rajarle las 4 ruedas. Es que creo que llamarlo inútil y recordarle que no debería haber tomado el sentido figurado cuando decidió aparcar de culo, no sería suficiente para quedarme a gusto.

Además, el coche está impoluto; tan limpio, tan limpio, que la carrocería parece un espejo. Este imbécil provocará un incendio este verano con esos reflejos metalizados. Es que no se ve ni un miserable atisbo de cadáver de mosquito en la luna delantera, y eso me jode. Alguien que lleva el coche así no puede ser de fiar.

 

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