Estimada Sra. Ministra:

Me dirijo a usted con el ánimo de trasladarle nuestro malestar ante un hecho que está poniendo en peligro la vida de muchas de las integrantes de la Academia y simpatizantes.

Siendo usted mujer en edad fértil, le suponemos cierta sensibilidad con el feo asunto del síndrome de tensión premenstrual, cuyos síntomas (casi todos) se manifiestan cíclicamente en la vader que suscribe, bien en modo mute, bien en modo dolby surround para alegría y regocijo del entorno hostil en la galaxia.

Uno de estos síntomas, bastante común en el Imperio, consiste en la aparición de un dolor punzante en la zona exterior de los pechos unos días antes de la menstruación, acompañado, como no, de una hinchazón bastante escandalosa de las mamas, que se convierten en una suerte de pelotas duras con aspecto de poder reventar en cualquier momento. Ni que decir tiene que un simple roce puede convertirse en la mayor de las torturas en ciertas ocasiones.

Y de eso queríamos hablarle precisamente, señora Ministra, de alguna de esas ocasiones.

Fue Rúral-Woman, nuestra superheroína del sur del Imperio, miembro ilustre y activista destacada del movimiento pro Cutty Sark, quien dio la voz de alarma: conducir con ese dolor de tetas se ha convertido en una experiencia tan desagradable como peligrosa. ¿La culpa? De los badenes o resaltes que han proliferado por nuestras calles, señora mía. Pero no nos referimos a los que intentan reproducir, a veces con nulos resultados, un paso de peatones, no, sino a los que exclusivamente sirven para reducir la velocidad de los vehículos; ya sabe, esos amarillos y negros que parecen pequeñitos pero que… ¡joer! producen unas vibraciones de lo más molesto en esos días de hipersensibilidad mamaria.

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Fíjese bien cuando se desplace en su coche oficial. Asómese por la ventanilla y observe detenidamente el comportamiento de las conductoras. Le aseguro que no tardará en pescar a alguna de ellas soltando repentinamente una de las manos del volante para sujetarse el pecho mientras pasa uno de esos dispositivos malditos. Y es que la conductora premenstrual, en un acto reflejo, intentará evitar la catástrofe del reventón de sus tetas. Si tiene un poco de paciencia, es posible que vea a alguna protegiéndose el pecho con ambas manos, dejando el volante a su suerte (para que esto ocurra, la dolorida conductora debe poseer un busto de la talla 95 en adelante, obviamente), con el consecuente peligro que entraña esta práctica para la circulación.

¿A quién se le ha ocurrido llenar nuestras calles con estos instrumentos de tortura? Evidentemente, a un hombre. Acabe con ellos, Sra. Ministra (con los badenes, quiero decir). Queda demostrado que son elementos machistas y, como tal, deben desaparecer cuanto antes.

Por todo ello, desde Loca Academia de Vaders mostramos nuestra más enérgica repulsa hacia la existencia de estos dispositivos y le imploramos que realice los trámites pertinentes para exigir su retirada.

Dios guarde a Usted muchos años

Mara Jade Garland

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