Empezaremos con algo flojito, no vayáis a asustaros a la primera de cambio…

Fue un sábado de 2008. Teníamos reserva para cenar en un restaurante con otras 6 personas.

Zam y yo habíamos estado juntas de compras esa semana. En la tienda, delante de uno de los espejos, nos dimos cuenta de que nuestros gustos en aquello del vestir coincidían bastante, tanto como para haber elegido el mismo vestido, cada una por separado, y salir idénticas del probador para nuestra sorpresa. No podía ser casual, teníamos que comprarlo ambas. En ese momento urdimos el plan: iríamos iguales a la cena y haríamos lo que se presupone que hacemos las féminas ante otra tipa vestida como nosotras, es decir, odiarnos a muerte.

El resto de días de la semana los pasamos preparando los complementos, cuanto más estrambóticos mejor: horquillas horteras para el pelo, pulseras en la misma muñeca, anillo con pedrolo (joder, ¡qué cosa más incómoda!)… incluso llevaríamos un bolso morado a juego casi idéntico. Todo discreción y sencillez que se completaba con un utensilio ya entonces imprescindible en nuestras expediciones nocturnas: nuestras espadas láser.

Llegó la hora de la cena. Nosotras habíamos quedado antes para ensayar la función que los otros comensales iban a presenciar. Por supuesto, una de las dos llegaría tarde. Me tocó hacerlo a mi.

Cuando entré en el restaurante todos estaban sentados excepto Zam, que se encontraba en plena exhibición de las posiciones de luz de su espada láser ante los presentes. Al vernos idénticas encendimos las espadas y gritamos como posesas. ¡Cómo has podido, perra! ¡Dijiste que no entrarías en Dior! – ¡No es cierto! ¡Dije que no entraría en Prada! – ¡Jamás te lo perdonaré! ¿Quién te crees que eres, Mujer Blanca Soltera Busca?.

Los camareros y el resto de clientes nos miraban acojonados perplejos. Nuestros amigos comían pan y apenas nos hicieron caso. No lo entiendo.

Vaderforme01

Vaderforme02

Hubo incluso quien llegó más tarde aún que yo y no pudo presenciar la función. Tardó más de una hora en decir

Vuestro vestido es parecido, ¿no?

Este nuevo fracaso no nos detuvo. A partir de entonces, este atuendo se convirtió en nuestro “Vaderforme de invierno”, y es la indumentaria oficial del Imperio cuando salimos en misión especial, es decir, cuando tenemos previsto cometer alguna fechoría. Alguno de vosotros ya lo ha catado. Los demás, volveréis a verlo por aquí pronto. Demasiado pronto.

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