Ante los desafortunados hechos acaecidos con algunos comentarios del post anterior, Zam y yo os debemos una explicación y, como José Isbert, os la vamos a dar.

Reconocemos nuestra parte de culpa pues, de un año a esta parte, coincidiendo con la apertura oficial de esta nuestra Academia, nos encontramos en plena regresión personal a modo de flashback imaginario adoptando un comportamiento lo más infantiloide posible. No es fácil comprender esta nueva actitud, cuya naturaleza escapa a los ojos del vago observador, pero hemos comprobado que esta nueva filosofía de vida resulta de lo más gratificante en nuestras relaciones personales, eso sin enumerar las muchísimas utilidades que ello reporta, como por ejemplo dar pena a la policía en los controles rutinarios y evitar multas innecesarias, hacer que un coche patrulla te abra paso a pesar de haberte metido con el coche por una calle peatonal en el centro de Madrid, conseguir varios productos gratis en pescaderías y fruterías al verte los tenderos tan desvalida que podrías ser incapaz de diferenciar un kiwi de una sandía (esto de conseguir comida se me da realmente bien. Prometo escribir alguna vez sobre ello).

En conclusión: nos hemos dado cuenta de que es mucho mejor pasar por subnormal y luego, en caso de ser necesario, apuntillar al listo de turno (si es que lo merece, claro). De esta forma podemos evitar situaciones reales como las siguientes:

SITUACIÓN A:  – “Mira, bonita, si quiero estar con un colega no te llamo a ti, llamo a mis amigos” – (tío acojonao huyendo a toda prisa).

SITUACIÓN B: – “Joder, no sabes lo raro que me siento. Flipo con vosotras. Es que incluso conoces a Papageno, flipo. Y luego, lleváis toda la noche vacilando. Joder, que habitualmente soy yo el que vacilo a la gente y hoy me habéis dado cien vueltas” – (tío acojonao huyendo a toda prisa).

Y así hasta infinitas anécdotas similares.

Por todo ello hemos decidido comenzar con el monográfico “Actitudes vergonzantes“, que es como han sido calificadas por algunas personas. Podréis disfrutar de multitud de imágenes, probablemente ya por fin sin la cara tapada (aunque me lo tengo que pensar un poco más, la verdad) que muestran el por qué de esa vergüenza ajena expuesta aquí la semana pasada.

En breve la primera parte.

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