Janine era una de las tres azafatas de “Si lo sé no vengo“.

"Sois unos mierdas. Todos"

"Sois unos mierdas. Todos"

Este programa de televisión, en su afán de pretender ser simpático y distendido, contaba con un presentador al que le habían pegado una sonrisa a la cara, el aún hoy sonriente Jordi Hurtado. Janine parecía competir con él a la hora de enseñar los dientes. A mi me daban el mismo miedo los dos, ya que nunca terminé de creerme tanta felicidad. Para mi eran unos hipócritas. Tanta sonrisa tenía que ser mentira.

La emisión de este concurso coincidió de lleno con la pérdida paulatina de mis dientes de leche. Cuanto más se veían mis encías, más se les veía a ellos la dentadura. Era una auténtica competición de sonrisas forzadas lo que llevaban a cabo estos dos personajes.

Janine-Jordi

- Yo tengo más dientes que nadie en el mundo.- Te equivocas, Janine. Soy yo.

El caso es que, tal y como decían Los Módulos, todo tiene su fin y Si lo sé no vengo no iba a ser una excepción. Janine se quedó en el paro, pero pronto pudo volver a llenarnos la pantalla con su dentadura gracias a su imprescindible labor en El Tiempo es Oro, junto a Constantino Romero. Bueno, en realidad junto a él no es que estuviera mucho, ya que ella prácticamente se limitaba a hacer una aparición estelar en la prueba final, y sólo en el caso de que quedara sin resolver. En esta prueba el concursante finalista, ayudado por unos amigos, tenía que responder correctamente una pregunta enrevesadísima valiéndose de varias enciclopedias que estaban a su disposición. Si se agotaba el tiempo y no había conseguido dar con la solución, Constantino invitaba a Janine a mostrarla. A continuación aparecía ella contoneándose con sus tacones. Se dirigía a una de las estanterías y cogía uno de los tomos mientras la cámara mostraba un primer plano casi grotesco de su cara. Aprovechaba entonces para dejar asomar sus millones de dientes entre el carmín rojísimo, poniendo cara de “¡Ay, alma de cántaro! Si es que tenías que haber cogido este libro…“. Lo abría por la página exacta, lo colocaba sobre un atril y nos mostraba una finísima manicura, con color rojísimo a juego con los labios, al ir señalando palabra por palabra, el párrafo exacto donde se encontraba la solución al enigma. En la pantalla sólo se veía su uña perfecta que se iba moviendo bajo cada palabra que leía una voz en off masculina, por supuesto.

A una mellada como yo se le ocurrían varias preguntas:

– ¿Por qué lo lee un tío invisible? ¿Janine no sabe leer? ¿Y entonces por qué trabaja en un programa cultural? ¿Será por sus uñas? – entonces me sacaba de mis pensamientos un manotazo de mi padre en la boca mientras voceaba “¡Que te he dicho mil veces que no te muerdas las uñas!”

Me miraba las manos perpleja comprobando el estado deplorable de mis dedos.

¡Huy! ¡Jamás podré ser como Janine! Bueno, pero es que yo sé leer. ¡Ya sé, seré la voz en off! Así podré seguir mordiéndome las uñas siempre y no tendré que llevar esos tacones. ¡No, mierda! La voz en off es de un señor y yo nunca tendré esa voz. Es igual, ya lo he decidido: ni puedo ni quiero ser como Janine. Haré todo lo posible por evitarlo.

Y me dediqué de lleno a hacer de mi dedo índice algo digno de ocultar. A día de hoy sigo en ello.

Indices3

(1): Uña roída al límite. También sirve para señalar, pero menos.

(2): Cicatriz que me recuerda lo peligroso que puede llegar a ser meter el dedo en un enchufe, pero todo riesgo es poco para conseguir diferenciarse de Janine.

Gracias, Janine. Mi creación digital, mi pequeño monstruo, está dedicada a ti.

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