Desde que el llamado “Rey del Pop” ha pasado de blanco a cetrino, sus fans se han multiplicado en cantidades realmente alarmantes. Gente a la que he oído criticar en ocasiones la extravagancia de este personaje con sólidos argumentos del tipo “qué asco de tío”, ahora se declaran profundos admiradores suyos, repitiendo frases recién salidas de la caja tonta. Un artista único e irrepetible, un hombre que ha creado un estilo propio, una de las personas más influyentes del sigo XX… Cawensantodo ya y cawen la televisión.

Desconozco el motivo, pero cada vez que oigo algo referente al tema en los medios, acaba sonando Billie Jean.

“… y los restos mortales del artista han recibido sepultura, por fin, en la más estricta intimidad”. – Who will dance on the floor in the round ¡uh!.

Voy en el coche. Suena M80 radio: And be careful of what you do ‘cause the lie becomes the truth heee heeee

Renegando del difunto, doy al botón de localizar otra emisora. Sale Kiss FM: Billie Jean is not my lover. She’s just a girl who claims that I am the one

Joder, esto ya huele más que el susodicho cadáver.

Voy en el autobús y suena un móvil. ¡No! Es Billie Jean otra vez. Empiezo a sentirme como la única superviviente a las vainas de La Invasión de los Ladrones de Cuerpos.

Decido tranquilizarme y actualizarme en la lectura de algún blog que tengo abandonado. En cuanto lo abro me sale una ventana emergente en la que parpadea la imagen de un teléfono móvil, sonando a todo volumen lo siguiente:

But the kid is not my son (¿por qué no es tuyo? ¿porque es negro? Algo habrás hecho si te lo atribuyen, amosdigoyo. Ahora no vale escaquearse haciendo el maldito Moonwalk).

Lo siento en el alma por las hordas de fans, pero a partir de este momento me declaro públicamente detractora de Billie Jean y haré todo lo posible porque desaparezca de este mundo, como Michael.

Todos mis esfuerzos tendrán su recompensa. Por un mundo sin Billie Jean, por un mundo mejor.


 

 

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