7:00 AM. Servidora, coronada con una coleta a modo de herramienta capaz de disimular la roña acumulada en el cabello, corre a la velocidad de la luz para intentar alcanzar la lanzadera interespacial que la depositaría en las inmediaciones de su puesto de trabajo.

Al doblar la esquina de una calle del recorrido se topa de bruces con dos padawan moros que portan sendas cajas repletas de porquería. Uno de los padawan, situado frente a un contenedor de basura con la tapadera abierta, comienza a realizar movimientos de vaivén con su caja a fin de alcanzar la inercia necesaria que le permita insertarla en el interior del contenedor. Cuando cree haber obtenido el impulso adecuado decide soltarla, pero un cálculo erróneo propicia que la caja impacte de forma violenta contra uno de los laterales del contenedor, cayendo ésta, por tanto, al suelo. Su compañero exclama atónito algo que aún reverbera en estos sensibles oídos:

¡GÜIVA!

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