La vuelta de vacaciones es muy dura ¿verdad?. Para mitigar los efectos del trauma post vacacional decidí estrenar por fin la piscina comunitaria que me ofrece la solución habitacional en la flamante urbanización de mi hermano Darth Eye, donde ahora resido. Armada con mi vadertoalla, un libro y el iPod he llegado hasta la puerta de la valla que sirve como cerramiento de la piscina, donde he percibido un ambiente enrarecido, y con ello no me refiero a la estampa veraniega de michelines colgantes (en la que, por cierto, apenas desentono), sino a algo mucho más aterrador si cabe. Algo ha debido ocurrir en mi ausencia. Desconozco si se trata de una trama encubierta o si algunos grupos humanos han decidido urdir algún tipo de conspiración contra mi, pero el caso es que la piscina y sus alrededores se encontraban atestados de humanoides bajitos y cabezones que emitían constantes alaridos cual gorrino degollado. Se hacen llamar niños y ahora andan sueltos por ahí, ávidos de cloro. Por lo que he podido saber, alguien ha aprovechado mi ausencia para cerrar las instalaciones en las que se congregan durante el invierno y me he encontrado de bruces con que les han dado vacaciones. Todos están aqui y no hay PSP que les calme.

Aún así lo he intentado. Primero he metido la puntita del pie en el agua, comprobando que estaba fría como el hielo y temiendo sacarlo morado. Posteriormente me he metido entera y no he dejado de nadar, convencida de morir congelada si me paraba. Ellos no comprobaban la temperatura. A la voz de ¡bombaaaaaa! se tiraban como auténticas bestias y ninguno se quejaba del frío.

He tenido que salirme enseguida, ya que era imposible nadar con ellos alrededor. Me he tumbado en mi vadertoalla dispuesta a echarme la siesta, pero el nivel de decibelios de sus alaridos hacían imposible pensar en otra cosa que no fuera cometer una masacre. El punto culminante ha sido cuando han comenzado a desgañitarse recitando una elevada sucesión de números naturales precedidos de la palabra bomba.

¡¡Bombaaaaaaaa unoooooooooooooo!! -y se tiraba uno al agua en semiposición fetal. ¡¡Bombaaaaaaaa doooooooooooooos!! -y ahí llegaba otro. Hordas de salvajes esperaban su turno en una perfecta fila improvisada cuyo único fin parecía ser el de no dejar un cm2 seco de mi vadertoalla.

Cuando han llegado a la bomba 97 (sí, sí, 97. En esta comunidad de vecinos debe haber una plaga de conejas) he decidido recoger mis cosas y marcharme antes de que mi furia fuera incontrolable. Aún así he estado a punto de felicitar a sus huevones padres por el esfuerzo que habían hecho enseñando a sus hijos a contar tan bien, siendo más que evidente su carencia en estas lides, pues si supieran contar como sus hijos probablemente habrían podido controlar la cantidad de Dianes 35 que les quedaban antes de la semana de descanso o los días de infertilidad que dicta el método Ogino y, por tanto, yo habría vuelto a casa con mi toalla seca.

Anuncios