La Academia ha recibido numerosas quejas (alguna de ellas formales, aunque la mayoría han consistido en un contundente tirón de orejas) sobre el abandono en el que os tenemos inmersos, especialmente tras la espera por ver la segunda parte de nuestro monográfico Vaders en la EKP16. Por ello nos hemos visto en la obligación de lanzar ya esta segunda entrega, no sin antes recordaros que en la primera parte (El Viajecito), mi hermano Darth Eye y yo misma llegábamos a Barakaldo planteándonos que nuestras facultades podrían haberse visto mermadas ante el aumento de lujos que la vida Vader nos estaba dando. Finalmente Darth Eye había propuesto comer en un Ikea ante la imposibilidad de pagar el restaurante del hotel de cuatro estrellas en el que nos acabábamos de instalar.

Darth Eye a veces rezuma vulgaridad, sobre todo a la hora de elegir condumio, tal y como demostró al declararse fan de las albóndigas suecas de Ikea. En estos momentos en la academia estamos preparando para él un curso intensivo para que eduque su paladar como se espera de un auténtico Vader, ya os contaremos sobre sus progresos. Pero en ese momento, y ante la falta de otras propuestas, accedí a acudir a un Ikea con la esperanza de poder comer algo decente a un precio módico.

Maldije a Abba y a Roxette cuando vi que mi ración de salmón constaba de una tira fina de pescado horneado y dos minipatatas cocidas. Haciendo un puchero tuve que rogarle a Darth Eye que me diera dos de sus quince albóndigas si no quería que me desmayara a media tarde. Afortunadamente no tuvo que dármelas: una vez más el monstruíto que ruge habitualmente en mi estómago volvió a pedirme más comida de la que mi aparato digestivo puede soportar, haciéndome creer que con un solo trozo de pescado moriría de inanición. Ni siquiera pude acabarme la ensalada. Y es que debo aprender a dejar de comer con los ojos. En el mundo ossea (vader) no hay lugar para las miradas lascivas a la comida por mucho que me pese. El hambre es de pobres, debemos aprender esto muy bien. No sé cómo lo haré, pero si quiero ser una auténtica pija debo matar al monstruíto.

ikeacafe1En la sobremesa Darth Eye comenzó a protestar diciendo que no alcanzaba a comprender que en el buffette de Ikea pusieran para el café las cucharillas habituales de las máquinas expendedoras. Su queja se basaba en que eran más cortas que la altura del vaso, hecho que dificultaba remover el azúcar. ¡Basta ya! No nos dejemos engañar más por la industria del vending. No son cucharillas ¡son palos! ¿es que nadie se ha dado cuenta? Llamémoslos por su nombre. Si yo fuera un cubierto me sentiría terriblemente amenazada.

Así que, desde Loca Academia de Vaders, os proponemos todo un reto: hagamos un boicot lingüístico y llamemos palo a lo que dan en las máquinas de café. Podeis empezar por vuestros trabajos corrigiendo a vuestros compañeros que, erróneamente, denominen cucharilla a esos utensilios rectilíneos que recuerdan vagamente al elemento con el que tantas veces hemos sostenido un frigopie. Aunque quizás en el trabajo de Zam Wesell la máquina de café vierta cucharas de verdad a espuertas ya que ella tiene un trabajo vader con moquetas vader, ordenadores vader y compañer@s vader. En cualquier caso sé que lo conseguiremos. Acabemos ya con esta mentira que tanto daño está haciendo al mundo del menaje o terminaremos usando esos palos en nuestra casa. He dicho.

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