Las relaciones personales, en el fondo, suelen ser mucho más simples de lo que a priori pudiera parecer. Sin embargo en algunas ocasiones nos empeñamos en llenarlas de florituras y las complicamos al empeñarnos en poner a prueba a la otra persona quien, por otra parte, pocas veces supera dicha prueba. El resultado es que siempre nos decepcionamos. Muchas veces pretendemos que los demás actúen como nosotros queremos, especialmente en las relaciones de pareja.

En este sentido quiero contar lo vivido ayer por mi amigo Santi, quien está empezando una relación con una chica a la que, en un alarde de ingenio, llamaré Mari.

Santi lleva una semana horrible de trabajo, está agobiadísimo. A las 18:00 h recibe una llamada a su móvil. Es Mari.

  • Mari: Hola Santi ¿qué tal?.
  • Santi: Perdona Mari, pero ando liado en el curro. Te llamo en cinco minutos.

A eso de las 19:00 h recibí una llamada de Santi:

  • Santi: Hola Mara. “Ésta” me está mareando (me parto con los “ésta” o “éste”).
  • Mara: ¿Por qué? ¿Qué ha pasado ahora?.
  • Santi: Me llamó y no podía atenderla porque estaba en el curro con un marrón impresionante. Quedé en llamarla en cinco minutos y no me ha cogido el teléfono.
  • Mara: ¿Pero la llamaste en cinco minutos?
  • Santi: Pueeeees… no. Fueron 15. Pero ya la he llamado cuatro veces y no me lo coge.
  • Mara: Uiss pues va a ser eso. Se ha mosqueado porque has tardado tres veces más de lo que le dijiste.
  • Santi: No me lo creo. ¿Cómo va a ser eso? Menuda gilipollez.
  • Mara: Pues sí, probablemente lo sea. Pero te digo yo que ése es el motivo. Ya ha pasado tiempo suficiente como para que haya visto tus llamadas, eso en el caso de que no las haya estado oyendo a la primera, que probablemente lo haya hecho.
  • Santi: Imposible, no puede ser eso. Ahora una cosa te digo: paso de llamarla más.
  • Mara: Claro, no insistas. Sabe que lo has intentado.

Santi estuvo toda la tarde reprimiendo las ganas de volver a llamarla. A las 12 de la noche Mari le llamó con total normalidad, hecho que desesperó más aún a Santi y decidió presionarla para que le contara por qué no había contestado a sus llamadas. En un principio Mari contestó con evasivas, pero finalmente terminó reconociendo que pasó de cogerle el teléfono porque se había ofendido al ver el desinterés que había mostrado en hablar con ella, ya que los cinco minutos se convirtieron en quince.

Posteriormente Santi le contó esta historieta a una amiga psicóloga, quien le dio una respuesta demoledora:

“El 90% de las mujeres esperan/esperamos de la pareja el 100% de su atención. No puede haber nada que compita con ellas (nosotras) en orden de importancia. Acostúmbrate, Santi. Hay que vivir con ello.”

¿Somos posesivas? ¿Pueden 10 minutos de espera hacernos imaginar cien mil motivos horribles por los que no nos llaman?

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