Quiero añadir algo a la entrada anterior, partiendo de que creo encontrarme en ese 90% expuesto por la amiga psicóloga. Sí, estoy básicamente de acuerdo. Requiero el 100% de atención. Lo reconozco, soy lamentable. Y para resultar aún más patética en alguna ocasión en que he decidido no mostrar enfado alguno he llegado a pensar de mi misma que soy genial y super comprensiva, en plan “qué buena soy”. Mentira.

Pero eso no quita que el caso de Santi me parezca absolutamente exagerado. Yo habría cogido el teléfono. Quizás habría esperado a oir algún tono de llamada más de lo habitual. Pero joder ¡son 10 minutos!. No merece castigo.

Sobre lo que puede dar de sí la imaginación en un momento de espera, me siento muy identificada con el primer minuto del siguiente video. La de veces que me habré podido montar películas peores aún que ésta, en la que por supuesto el Romeo de turno siempre acaba siendo cuestionado (¿qué demonios hago preocupándome por un gañán de esta calaña?).

Disfrutad de ese primer minuto, muy ilustrativo para este tema.

Y si teneis tiempo y ganas, aunque no tenga nada que ver con lo que nos ocupa, no os perdais el minuto 3:40. Amelie se deshace y es mi escena favorita de la peli.

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