Queridos amiguitos:

La vida Vader no es fácil, para qué os voy a engañar. Sobre todo para alguien a quien acaban de recomendar dejar de morderse las uñas, ya que “unos dedos así no son propios de una señorita”. En los ojos de mi interlocutor he percibido que señorita y vader parecen ser sinónimos, hecho que me ha suscitado cierta preocupación ante una evidencia: no tengo uñas vader y sé que nunca las tendré. Una lástima. Nunca podré escaquearme de montar una estantería con el sólido argumento de ¡joooooo, se me ha roto una uña!. Menos mal que mi imaginación siempre ha estado al 200%, así que no sufráis que ya se me ocurrirá otra excusa. Y si no, que los libros se queden en el suelo y así los tengo más a mano, total sólo mido 160 centímetros…

Es por ello que he decidido inaugurar hoy esta sección Cosas que un día alguien decidió que hiciéramos (las vaders, se entiende). Es curioso: ese alguien debe ser bastante cabrón porque todas las cosas que se le han ido ocurriendo sólo nos afectan (y mucho) a las tías y suelen servir para el disfrute de los tíos. O sea, es un tío.

Lo peor de todo esto, como ya iréis viendo en las próximas entregas de este monográfico, es que según avanzan los tiempos más hemos de sufrir. No bastaba con que soportáramos la menstruación, el peso del pecho y el de tener que parir, no. Alguien pensó: que se jodan más, que se ponga de moda el tanga (para ellas, claro). Y así se hizo.

¿Cómo empezó esto? Supongo que la culpa, como la de tantas otras cosas, la han tenido las películas X, porque Rappel no creo que haya sido. Un buen día Dios creó el tanga en el culo de una actriz porno para que los tíos tuvieran otra fantasía más. Su uso se fue extendiendo con el paso de los años hasta llegar al momento actual, de tal forma que ahora lo debe usar hasta mi querida abuela. ¿Qué argumentos damos para explicar por qué lo usamos?

Es más cómodo que unas braguitas – mentira cochina.

Con él podemos usar pantalones ajustados sin que se nos marquen las bragas – ¿y qué si se nos marcan? ¿no se supone que ahora se llevan las bragas por fuera? ¿qué problema hay entonces?

Y obvian el verdadero y único motivo: ¿y si pillo cacho con Fulanítez? Seguro que la Choni, que estuvo enrollada con él, llevaba tanga. Cuando me ponga mirando a Cuenca Soria va a flipar, muhahahahaha!

Por ello, desde la Academia de Vaders, con la sabiduría que nos ha dado el lado oscuro, vamos a destapar de una vez por todas LA VERDAD SOBRE EL TANGA, ESA PRENDA MALDITA.

– Es incómodo de cojones. Tener una tira de tela de fibra sintética metida por la raja del culo NO ES CÓMODO. Dejad de decir semejante falacia, compañeras, y admitid lo que de verdad quereis ¡si no pasa nada!

– Es incómodo de cojones (II). A lo largo del día la tira de tela tiende a desplazarse de su sitio, de tal manera que siempre se da una de estas dos circunstancias:

  1. La tira de tela acaba en el chumi. Esto es jodido, de verdad, porque el chumi no queda ni tapado ni protegido. Queda al aire, a su libre albedrío. El binomio chumilibre – pantalón ajustado no funciona. Además es una cerdada de tres pares. Dicen que el roce hace el cariño, no lo creo en este caso.
  2. El triangulito que tapa el chumi (como si de una braga se tratara) se desplaza hacia el culo. Entonces, además de la tira de tela, tendremos que soportar el braguero dentro de la raja del culo. ¿Por qué tenemos que tener la raja del culo llena de cosas? ¿Esto es vida? ¿Dejaremos un día de usar bolso?

– Si una noche triunfas (como buena Vader), en el momento de quitarte los pantalones es normal no tener control alguno sobre el tanga, de tal modo que siempre asomará algún pelillo traicionero. Y eso en el mejor de los casos, porque puede ser que se haya movido tanto que tengas medio chirli fuera. ¡Es tan idecoroso! Supongo que por ello la depilación de las ingles prácticamente ha dejado de existir ¡fuera todo! Pero este es un tema con el que estoy muy sensibilizada y al que tendré que dedicarle otro monográfico.

– La vagina, al ser un medio húmedo, es muy sensible a las infecciones. Por ello hay que tener cuidado. Pues bien, queridas, parece ser que el uso del tanga ha aumentado de forma escandalosa un tipo de infección vaginal. Las fibras sintéticas rozando ahí todo el día no pueden llevar a buen puerto.

– ¿Habéis olido visto la tira del tanga cuando te lo quitas? Agggg! Putrefacción absoluta. Bueno no puede ser.

– No nos engañemos: a muy pocas les sienta realmente bien. Exceptuando a las brasileñas, que tienen dos balones de reglamento por nalgas, el resto de las mortales solemos contar con unas posaderas blancas, caídas, blandas y celulíticas en las que es habitual que habiten esas simpáticas culebrillas a las que llamamos estrías. El culo al aire no puede favorecernos.

Así que, con la satisfacción de haber hecho los deberes desde este humilde weblog, me veo en la obligación de proponerlo:

¡¡ BOICOT AL TANGA YA!! (y que se lo ponga el TÍO que decidió que fuera una prenda habitual para nosotras)

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