El lado oscuro es poderoso, como bien sabeis. Una vez lo has conocido es difícil escapar de la atracción de La Fuerza. Y es ella, La Fuerza, la que nos manda pruebas para que no olvidemos a dónde pertenecemos.

El otro día estuve ejerciendo de Vader en la boda de mi primo, un joven Jedi que no conoce la ira ni el enojo: disfraz de invitada, tacones, minibolso sin dinero… incluso fui a la peluquería para que todos comprobaran el poder de La Fuerza.

Y fue en el momento en el que llegamos al restaurante donde se celebraba el convite cuando el lado oscuro me llamó con todo su poder. Había varios salones, pero sólo uno podía ser el elegido ¿adivinais cuál?

Pues sí, el Salón Imperial. Debería haber cambiado el minibolso por el sable de luz (tampoco podía utilizarlo para llevar nada mayor a 1 céntimo de euro) y así haber demostrado mi poder. Pero me doy por satisfecha: que el salón se llamara así no hace más que reafirmarme en mi decisión de haberme pasado al lado oscuro. ¿Creeis que fue una casualidad? Yo no 😀

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