Las mujeres, aun siendo Vaders, estamos adiestradas para soportar periódicamente las más diversas tropelías (menstruación, depilación, mechas, la visita de la suegra…). Salimos al paso estoicamente cada vez que nos toca como si ésa fuera a ser la última vez, aunque en el fondo sabemos que no tardaremos demasiado en volver a pasar por la misma situación.

Pero hay algo de lo que jamás podremos salir airosas por más que lo hayamos repetido. Me estoy refiriendo, queridos lectores, a la temida, molesta y necesaria revisión ginecológica.

A la hora de acudir a la revisión las féminas solemos adoptar una de las siguientes personalidades, a cual más patética, no correspondiéndose en absoluto con nuestra verdadera naturaleza:

  • PERFIL 1: “Soy Hulk Hogan y mi chocho no es de tu incumbencia”:

Consiste en acudir a la consulta como si fuéramos ejecutivas agresivas acostumbradísimas a interponer demanda ante el primer dueño de perro que no haya recogido una de sus caquitas. Para ello hay que crear una atmósfera tensa empezando con una técnica salvaje pero efectiva: llamar de “usted” al ginecólogo. De esta forma nos aseguramos de que el ginecólogo también se dirija a nosotras de “usted”, hecho que denota respeto mutuo.

Una vez ha quedado claro que médico y paciente van a respetarse, hay que asegurarse de que no existe posibilidad alguna de confianza. Y lo más efectivo para ello es contestar a todas las preguntas escuetamente, a ser posible abusando de los monosílabos (sí, no, no sé…).

Puedes ser el alma de las fiestas y la más dicharachera de las personas, pero en la revisión ginecológica no hay lugar para una sola mueca de complicidad ni siquiera con el personal que te ha abierto la puerta (menos aún con el que te va a abrir otras cosas).

  • PERFIL 2: “A mi esto me da iwal, es lo más normal del mundo”:

Al contrario que en el caso anterior este tipo de mujeres acude a su revisión como si fueran a una fiesta de cumpleaños, tratando a toda costa de hacerle agradable el rato al homenajeado. Para empezar, nada de “usted”. Éso es demasiado frío. Es más: si la consulta durara un poco más acabarían diciéndole al ginecólogo cosas como “trooooooncooooo, acaba ya que se mestán enfriando los bajos”.

Este perfil se caracteriza por alargarse en sus respuestas (“¿mi última menstruación? jeeeeeee ¡ésa me la sé! jajaja fue el 25 de agosto, hace ya tiempo ¿verdad? Este año he hecho los deberes y lo he apuntado jejeje”).

Es imprescindible hacer alguna broma cuando se está subida en el potro. Con esa postura no tenemos dignidad ¡no puede ocurrirnos nada peor!.

Por supuesto, en este caso, el ingenio y el nerviosismo van de la mano.

Hoy he acudido a mi revisión anual, así que os propongo un ejercicio simple de deducción: ¿en cuál de estos dos perfiles me ubicaríais? Pues sí, habeis acertado: el hecho de enseñarle mis órganos sexuales a un desconocido, sabiendo que me los va a manosear sin proponerme siquiera tomar una triste copa, hace que brote en mi esa payasa que conoceis.

Pero hoy… hoy ha sido diferente. El ginecólogo de este año ha conseguido que pasara del “perfil 2” al “perfil 1” en décimas de segundo ¡y eso que ya había terminado todo y yo ya me había vestido!.

El pobre hombre, supongo que abrumado por mi fino y constante humor, se ha dispuesto a contarme en líneas generales qué le había parecido lo que había visto. Armado con una cartulina en la mano en la cual figuraban todos mis datos y las anotaciones que había hecho, LO HA DICHO:

GINE: Tu cuello uterino y tu vagina presentan un aspecto normal para una mujer de 78 años.

MARAJADE: ¿Qué me está diciendo USTED, DOCTOR? (en ese momento mi vida ha pasado delante de mis ojos: ¿qué coño -nunca mejor dicho- había visto ese hombre ahí abajo?)

GINE: Perdón, perdón, esto… quise decir nacida en el 78, es decir, que USTED tiene 30 años, claro.

MARAJADE: ¿Pero eso es normal para 30 o para 78? ¡Dígame usted la verdad!

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