A medida que pasa el día, nuestras tres amiguitas van descubriendo cada rincón Vader de la ciudad de A Coruña, sintiéndose cada vez más mimetizadas con la gran familia pijil que allí habita.

Por la tarde visitamos la Torre de Hércules, único faro romano en funcionamiento del mundo. Ya hartas de tanta cultura, decidimos poner nuestros cuerpos a dorarse al sol de la playa de Riazor. Para ayudarnos a llegar a ella, ardua labor, un amigable mozo con zapatillas Victoria de toda la vida, nos ofreció su colaboración, suponemos que sintió la presión de nuestros 6 ojos fijos en su pelo rubio, en su atractiva barbita, en sus adorables ojos azules o en cualquier otra parte de su anatomía. 

 

Tras un refrescante baño en las gélidas aguas del Atlántico, al que algún miembro de nuestra expedición no se atrevió, volvimos a nuestra querida Pensión Loli para arreglarnos como la ocasión merecía y hacernos a las calles. De nuevo el agua caliente paso inadvertido para nosotras, gran error no disfrutar conscientemente del cálido baño…

Antes de salir a disfrutar de la noite coruñesa, nos arreglamos como nuestra nueva condición de vaders requería… Sabíamos que, como nueva tribu urbana formada por tres integrantes, podíamos ser objeto de estudio pormenorizado. No obstante, esta responsabilidad no hizo mella en nuestro ánimo, pues para ayudarnos con nuestras levísimas imperfecciones viajábamos acompañadas por Bourjois, Clinique, Esteè Lauder y Revlon. El imperio de la laca se descubría ante nosotras.
 

La cena resultó también un éxito, acompañando los frescos ribeiros de toda clase de tapas típicas gallegas servidas con gracia por un dicharachero camarero y con poca gracia por su seco hermano.

 

Más tarde, en otro bar, dimos con más coruñeses que nos ratificaron en la idea de que allí todo el mundo era guapo. Sobre todo el de rojo, que además resultaba entrañable al estar tullido, pues llevaba muletas y cojeaba. Pobrecito; seguramente se había lesionado practicando cualquier deporte que le ayudaba a mantener bien firmes esos brazos que se adivinaban bajo su camiseta.

 

Una vez llena la panza, tocaba conocer el ambiente nocturno.

 

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