Mi gran amigo Espidifen, tú siempre me acompañas en el dolor y jamás oigo una queja tuya. Quizás las tapen las mías.
Estás cuando más te necesito y no hay dolor de cabeza que se te resista. Cada cuatro semanas acudo a ti lamentándome por haber nacido mujer y te voy enumerando una a una todas las desventajas que ello conlleva, mientras tú vas observando en silencio cómo va aumentando mi nivel de ira y de odio hacia mis ovarios y hacia el mundo. En sólo diez minutos consigues que vuelva a parecer una persona, al menos durante algunas horas, el tiempo necesario para seguir engañando a los que me rodean. Afortunadamente sólo abuso de ti un par de días al mes de forma continuada, pero ¡qué sería de mi sin ti!
Tampoco quiero olvidar tu gran ayuda en algunos momentos difíciles de resaca. Hay quien asegura que el zumo de tomate podría competir contigo en eficiencia, pero no te preocupes: esa gente no te merece. Gracias a ti he podido acudir a los actos familiares dominicales más surrealistas sin haber dormido apenas y con una tuneladora dentro de mi cabeza, pero tú siempre has tenido la gentileza de sacármela. Incluso he podido llegar a articular alguna frase completa (¡¿Por qué no os callais un rato?!).
Tu sabor eucalíptico nunca decepciona, pues engloba el frescor de un dentífrico y el regusto químico de los jarabes. Pero aunque estés envasado en sobres careces del factor efervescente de otros, hecho que celebro eufóricamente cada vez que te mezclo con agua. Bastante efervescencia tengo yo ya ¿verdad? Y es que hasta para eso eres bueno. Tú que podrías robarme protagonismo con tu efervescencia has decidido omitirla en favor de la mía. Tu comportamiento hace que roces la perfección ¡cuánto tendrían que aprender otros de ti!
Sé que muchos no pronuncian bien tu nombre y te denominan Espidifrén sin sospechar que sobra una R. Pero yo nunca les corrijo, pues me encanta cómo suena. Espidifrén… Espidifrén… Es como si te llamaras Espidi-Friend, o sea, Amigo Espidi, que es en realidad lo que eres para mi. Lo de Espidi supongo que será por tu rapidez de actuación, pues la celeridad con la que transmites tus efectos es realmente increíble.
Amigo Espidi…
Gracias por existir.

22 abril, 2009 at 12:51
¡BRAVO!
Te enlazo a mi blog (yo también hablo del tema… XDD)
27 abril, 2009 at 22:53
Mmm
Buenas!
e yegado de un blog a otro y zash!aqui estoy.
Eres la misma chia que esta haciendo la dieta?
yo solo como una vez al dia..
pero lo que queria decirte esque en realidad puedes hartarte a comer todo lo que quieras,solo que contra mas comas mas as de quemar,osea mas ejercicio as de hacer.
pero disfrutaaa y no te prives de caprichos:)un besoo muak!
27 junio, 2009 at 19:24
Hola, yo me tomo un espi cada semana más o menos, tengo migrañas… muy buen artículo. Te enlazaré a mi blog codigoracional.blogspot.com
12 mayo, 2010 at 17:10
Fantástico e infalible, compañero.
http://www.boomlapop.com/calor/espidifen.html
(dicen que cumple ya 15 años)
12 mayo, 2010 at 18:03
¿Camisetas de motivos espidifénicos? Juaaaas!
Enternecedor, de verdad.
Muchas gracias por compartir esta información, teleaphonic.
15 junio, 2010 at 9:45
eres mas poderoso que dios gracias por estar ahi
16 julio, 2010 at 9:28
SI SEÑOR!!!!
y no os olvideis de su compañero el
SPIDIFEN sabor MELOCOTON !!!!
16 julio, 2010 at 11:08
deivid! bienvenido a la Academia!
Pero el espidifen que dices no es sabor melocotón, sino albaricoque.
El año pasado piqué y me compré una caja para probarlo, qué asco, por dios. No me gustó nada, así que volví al tradicional de eucalipto en cuanto pude.
¡Puajjjj!
3 octubre, 2010 at 8:54
la parte mala del espidifen que si has sufrido una borrachera de anis la noche anterior, lo que menos te apetece es recordar ese sabor a anis tomando un espidifen. Direis que es eucaliptus pero a mi me sigue sabiendo a anis..