Hola de nuevo, amiguitos.

No podíamos seguir adelante con nuestras confesiones vergonzantes sin hacer un alto en el camino en uno de los días más degradantes de Mara Jade, el día en que dejó de ser una beyder de pleno derecho para convertirse en una verdadera meyder

Todo empezó con un plan ingenuo e infantil. Ir al parque de atracciones.

Pertrechados con nuestras mochilas y cremas hidratantes hacia allí enviamos una expedición Vader. En las mismas puertas, recibimos la pulsera que nos iba a permitir subir en todos los artilugios infernales del mundo mundial. Primer percance: Mara Jade no se la sabía poner, solicitó ayuda imperial a Zam Wessell que, con la gran fuerza que la caracteriza se la apretó hasta el infinito, provocando un doloroso principio de gangrena. Nos dirigimos a las cabinas de información para contar nuestras penurias y allí se produjo la siguiente escena:

ZW: -Oiga, por favor, mi amiga Mara Jade está al borde del colapso por la pulsera. Se la he apretado torpemente.

MJ: Sí, torpemente me mata.

ZW y MJ a dúo: Killing me torply with his song, killing me torplyyy…

Eso sí, la cantamos pensando en Roberta Flack, por supuesto, nada de versiones mediocres como la de Fugees (que se asemejan a una jauría de gatos en celo) y mucho menos la versión de Pitingo, pues desde LADV nos declaramos fervientes pitingófabas.

Una vez solventando el primer percance, Mara Jade se asustó de cuanto artilugio mecánico veía y decidió adquirir el papel más bajuno que puede haber en una visita al parque de atracciones: el de mochilera.

4 ojos

No le daba miedo dormir en un campo de tiro, no, rodeada por paintboleros hormonados, pero sí subir en el Látigo… Al menos, cuidó mochilas y gafas ajenas. Útil sí, pero meyder.

Tras horas de presión psicológica conseguimos que subiera al tiovivo. Intentó subir a una liebre (era el animal más bajito de los alrededores, pero un ágil y rosado muchachico se adelantó). Finalmente, pudiendo haber elegido una carroza como cualquier digna señorita o un blanco corcel, optó por la única opción viable: montar en un cerdo.

Puro jabugo, oiga

Al fin y al cabo eso es algo bastante más frecuente.

Hoy, día 1 d.L.V. (después de López Vázquez) -quien nos deja un panorama desolador en este nuestro cine, abandonándonos a la merced de niñatos afónicos y susurradores exentos de capacidad para desarrollar una vocalización creíble, y cuya máxima representación es ese engendro postmoderno y anoréxico de Juana Nimri, la antítesis de Gracita Morales- me dispongo a rendir un sentido homenaje a este hombre hablando de nuestros mayores, esos individuos que caminan despacito y tienen muy mala leche.

A la tercera edad le importa un pimiento la opinión que el resto del mundo pueda tener sobre ellos. Están de vuelta de todo y eso se nota, a veces demasiado. Si a una abuela le apetece pelarse una naranja en el autobús a las 7:30 de la mañana, se la pela. Si se la pela todo, más aún una naranja, sin que le importe una mierda que el ácido aroma cítrico penetre en la pituitaria de servidora con consecuencias devastadoras para toda la mañana. Y que se esté planteando prohibir subir al bus con mochila… estamos en un país de gilipollas.

La tercera edad es plenamente consciente de que tiene una serie de derechos adquiridos. Se han pasado toda la vida pagando impuestos para que ahora nosotros disfrutemos de ciertos privilegios; por eso, si les apetece conducir a 60 por el carril central de la autovía, lo hacen, que por algo es suya. Como si quieren ir por la izquierda. Se reprimen porque temen por su integridad física, ya que los demás circulamos como locos al doble de su velocidad. Otro factor que influye en esta decisión es la valiosa aportación de Manoli, copiloto de cardado morado que utiliza como sistema de seguridad anti golpes un bolso negro que sujeta con ambas manos firmemente sobre su pecho.

Estos derechos adquiridos les dan pie, también, a evitar esperar turno en algunos sitios. Utilizan las artimañas más  inverosímiles para chulear al primero que se les ponga a tiro. En LADV hemos elaborado un análisis comparativo entre varios establecimientos, llegando a la conclusión de que debemos reforzar nuestra atención para que no se nos cuelen en los siguientes (por orden de peligrosidad):

  • Nº1: Tiendas de alimentación.
  • Nº2: Administraciones de lotería (ganando cada vez más adeptos entre el Mundo Viejuno, cuidao)
  • Nº3: Bancos y Cajas de Ahorros (¿aho qué?)

No suelen generar polémica, ya que son unos auténticos maestros en el arte de colarse, pero algunas veces se pueden apreciar encontronazos de lo más barriobajero, especialmente ante una situación no prevista por ellos: dar con otro awelo en plena operación. En este caso, querido lector, lo mejor que puede hacer es huir lo más lejos posible. De no hacerlo correrá el riesgo de terminar siendo apaleado por ambos individuos, quienes aunarán la fuerza de sus bastones en contra de usted.

Otro tema aparte es el transporte público, y es que un individuo de estos armado con un abono transportes naranjita es un peligro para la sociedad. Aunque les sale barato, entienden que su deber es amortizarlo a toda costa; por ello se desviven dando varias vueltas en autobús, aun siendo hora punta (ellos suelen madrugar) y corriendo el riesgo de recibir empujones. En el trayecto suelen planear en qué mercado darán su próximo golpe revientacolas mientras ocupan los asientos, sólo por joder. No crean que exagero ¡en absoluto! Yo he visto cosas que vosotros nunca creeríais. He visto una horda de ancianos más allá de Orion pelearse en el bus por ocupar la zona destinada a minusválidos para, minutos después, ponerse de acuerdo para emprenderla contra un chaval cuyo único crimen era, precisamente, padecer una minusvalía que le obligaba a utilizar una silla de ruedas y, por tanto, ocupar el área destinada a tal efecto. He visto bastones golpeando la silla y al minusválido saliendo del bus en la siguiente parada, absolutamente acojonado, mientras los venerables ancianos le propinaban toda serie de insultos.

Podría seguir hasta el infinito, pero no me dejan escribir entradas demasiado largas. Además, me tengo que ir.

Total, que ya llevábamos tiempo sin cabinas.

:(

… o esas cosas raras que sólo me pasan a mi.

Para los que no estéis al tanto (o para quien quiera recordar), los antecedentes del pijo Sith ER aquí.

Después de algún tiempo, ER me citó en La Latina, una barriada imperial en la que abundan los perrifláuticos Sith antisistema con ropa andrajosa de marca y coche comprado por papá. El encuentro fue como lo eran todos, frío, distante y totalmente antinatural.

Deambulábamos ambos por callejones siniestros en busca de una cantina mientras él lucía orgulloso su pecho palomo y yo, pobre de mi, no tenía nada de qué hablar, cuando se nos acercó un muchacho. ER y él se saludaron efusivamente. Resultó ser ¡oh casualidad! uno de sus mejores colegas y compañero de golf al que yo, por supuesto, no conocía. Era mucho más feo que ER y mucho mejor persona o, al menos, eso parecía.

ER no tardó ni un segundo en obligar a su amiguito a participar en nuestra cita.

Entramos los tres en una de las cantinas y pedimos unas cervezas. En el otro extremo de la barra había tres mozuelas de aspecto vader. ER comentó que creía conocer a una de ellas.

Una hora después tuve que hacer una visita al excusado y, cuando salí, me di cuenta de que la franja de barra que teníamos ocupada dos minutos antes, estaba vacía.

¡Glups! Se han ido sin mi, pensé.

Pero no. Eso deberían haber hecho. El amigo de ER estaba hablando por teléfono en la calle. A continuación visualicé a ER, que me hacía señas junto con la mozuela a la que creía conocer.

¡Qué lamentable!. Ha esperado a que me fuera a mear para hablar con ella. Eso debe ser por algo.

Me acerqué hasta donde estaban (el amigo de ER seguía en la calle).

ER: Mara Jade, te presento a Analí.

ANALÍ: ¡Hola Mara Jade! Perdona, pero tu cara me suena muchísimo.

MARA JADE: Jo, pues a mi la tuya, no. Pero yo soy un desastre.

ANALÍ: No sé… quizás del curro. Yo trabajo con niños.

MARA JADE: Yo me los como, así que no va a ser de eso.

ANALÍ: Pues no sé… ¿dónde vives?

MARA JADE: Allá en la 3ª constelación intergaláctica.

ANALÍ: ¡Jodeeeer! ¡Ya está! ¡Tú eres amiga de Zutanita! Ya me acuerdo de ti.

MARA JADE: ¡Coño, Analí! ¡Es verdad! La compañera de curro de la Zuti.

ANALÍ: Hombre, claro, como que yo he estado ya dos veces en el cumple de Zuti.

MARA JADE: Entonces también has estado en el mío, que la Zuti y yo lo celebramos siempre juntas porque nos llevamos un día.

De pronto percibí el desinflado del pecho palomo de ER. Su cara comenzó a adquirir una tonalidad verdosa. Eso me gustó.

ER: ¿Nos vamos a buscar a mi amigo a la calle, Mara Jade?

MARA JADE: ¿Estás de coña? ¡Perdone! ¿nos puede poner otro reo por aquí?

ANALÍ: ¿Y tú de qué conoces a ER? Es que lo estoy flipando.

ER empezó a pasearse nervioso por la cantina.

MARA JADE: (caña en mano) ¡Bah! De una noche por ahí, ¿y tú?

ANALÍ: ¡Jajaja! Yo también, pero ya le di boleto.

MARA JADE: Pues creo que yo se lo acabo de dar. ¿Brindamos?

Efectivamente. No hizo falta hacer nada más.

… tomando la píldora y 7 de descanso. O de lo que ahora mismo debe estar arrepintiéndose no haber hecho la mamá de nuestra amiga Samantha Villar quien, en un alarde de profesionalidad y rigor periodístico, se ha visto involucrada en un robo de chatarra.  Si seguís el enlace, os ruego que centréis vuestra atención en la foto. Podréis comprobar la pinta de angelito que tiene el acompañante de Samantha. Y es que ¿quién podría desconfiar de él?

En Loca Academia de Vaders estamos muy sensibilizadas con esta conspiración que, sin duda, alguien está llevando a cabo contra nuestra querida Samantha. No podemos permitir que nadie desacredite la labor de esta gran profesional de la información. Por todo ello, y tras comprobar hasta dónde es capaz de llegar esta valiente, hemos elaborado un listado de futuribles reportajes a llevar a cabo por la única, intrépida y audaz Samantha Villar:

*** 21 días sin lavarse los dientes ***

Café, tabaco, nueces, altramuces, calamares en su tinta, cobre… Durante 21 días, la dentadura de Samantha nos servirá como instrumento para averiguar las consecuencias de la ausencia de dentífrico ante el impacto reiterativo de ciertos productos. Microcámaras de última generación nos mostrarán cómo se van desarrollando las bacterias a tiempo real, mientras una cuidada selección de los mejores especialistas en odontología (encabezada por el único dentista que no recomienda el chicle sin azúcar), nos irá explicando de qué manera comienza a desarrollarse el sarro sobre la dentadura de Samantha, así como otras patologías igual de interesantes como son la gengivitis, el linfoma maligno o la periodontitis.

*** 21 días sin cagar ***

Mucho más difícil que el ya emitido “21 días sin comer” ¡qué paradoja! ¿verdad? Samantha podrá valerse de cualquier tipo de astringente (lácteos, manzanas, plátanos, arroz…) para conseguir su objetivo. ¿Aguantará hasta el día 21? ¡Seguro que ella puede!

*** 21 días sin tirar de la cadena ***

Este experimento tendrá que llevarlo a cabo nada más finalizar el anterior. Tras cada deposición de Samantha, un selecto equipo de expertos Pachulistas reconocerá y filmará el estado del interior del inodoro, describiéndonos concienzudamente todas las sensaciones que un olfato a prueba de bombas como el suyo percibe. Este reportaje, además, intentará concienciar a la sociedad sobre la importancia del ahorro de agua.

*** 21 días, 21 centímetros ***

Podremos ver a Samantha introducirse diferentes objetos por cada uno de los orificios de su cuerpo, con un incremento de longitud de 1 cm por día. El último día del reportaje recibirá una interesante visita. Lo verá todo muy negro.

*** 21 días sin eyacular ***

Un grupo de varones atados de pies y manos convivirá 21 días con nuestra protagonista. Samantha tendrá que someterlos a todo tipo de estímulos, pero ellos tratarán de evitar la eyaculación a toda costa. Las poluciones nocturnas serán castigadas con la muerte; las demás, simplemente supondrán la expulsión inmediata del individuo. Un equipo de experimentados neurólogos dirigido por el Dr. Foreman (que ya conocerá a Samantha gracias al reportaje anterior), medirá los daños cerebrales que se irán desencadenando en nuestros chicos. Será divertido. Los voluntarios saldrán de allí muertos o con camisa de fuerza.

*** 21 días, 21 gramos. El fin de Samantha ***

El primer día del reportaje, Samantha recibirá una noticia que todos viviremos en directo:  en un plazo de 21 días será ajusticiada ante las cámaras. ¿Cómo se lo tomará? ¿Primará su insinto de supervivencia o la posibilidad de hacer un gran reportaje? ¿A qué dedicará sus últimos 21 días?

Diciembre de 2008. Puente de la Constitución. Esta vez le tocaba hacernos la visita de rigor a Alhuerto quien, por fin, nos traería a su chica. Reconozco que teníamos bastante predisposición a que Silvi nos cayera bien, quizás por aquello de que a un buen amigo le deseas lo mejor, claro, pero el caso es que ella superó todas nuestras expectativas. Era guapa pero sencilla, se adaptaba bien a cualquier situación, era la primera en soltar una barbaridad y, sobre todo, tenía una sonrisa magnífica que mostraba con una facilidad pasmosa. Imagino que sabréis algo sobre la infinita maldad femenina, ¿verdad? Pues a nosotras también nos suena. Silvi era estupenda, no teníamos más remedio que matarla.

Ataviadas con nuestro Vaderforme de invierno (recordad que era Diciembre, joer, que es la primera palabra de esta entradilla) y dispuestas para sembrar el terror, les llevamos al que entonces era nuestro terreno, el Karaoke Infernal, donde solíamos pedir piezas de Raffaella Carrá y Paloma San Basilio con el ánimo de molestar a las hordas de fans de Héroes del Silencio. Era el escenario perfecto. Esa noche no cantaríamos.

A Zam le encantan las matanzas. En la imagen podemos verla entrar en trance mientras demuestra su maestría en el manejo de la espada láser.

A Zam le encantan las matanzas y siempre se las toma muy en serio. En la imagen podemos verla en pleno éxtasis mientras demuestra su maestría en el manejo de la espada láser.

Mara Jade procede a amordazar a Silvi. Por su parte, Zam aprovecha para quemarla, aunque sólo sea el jersey.

Mara Jade procede a amordazar a Silvi. Por su parte, Zam aprovecha para quemarla, aunque sólo sea el jersey.

Es el momento. Silvi está despistada y Zam no desaprovecha ninguna ocasión para matar. Su mirada sádica nos revela su sed de venganza.

Es el momento. Silvi está despistada y Zam no desaprovecha ninguna ocasión para matar. Su mirada sádica nos revela su sed de venganza.

¿Y si la sacamos de aquí con los ojos tapados y la abandonamos a su suerte en Serrano, ese barrio repleto de maleantes?  - ¡Vale!

¿Y si la sacamos de aquí con los ojos tapados y la abandonamos a su suerte en Las Barranquillas? - ¡Vale!

Mara Jade estrangula a Silvi. Mientras, Zam descubre que el crimen está siendo fotografiado y no duda un segundo en regalarle al fotógrafo una de sus sonrisas. Puede que sea asesina, sí, pero eso no es excusa para dejar de ser fotogénica.

Mara Jade estrangula a Silvi. Mientras, Zam descubre que el crimen está siendo fotografiado y no duda un segundo en regalarle al fotógrafo una de sus sonrisas. Puede que sea asesina, sí, pero eso no es excusa para dejar de ser fotogénica.

… pero Silvi es muy lista. Viendo peligrar su vida decidió aplicar la máxima de “si no puedes con ellos, únete a ellos”. Nos propuso acompañarnos a dar un golpe en el Karaoke Infernal. Con eso nos ganó. La adoptamos de inmediato.

Mara Jade da instrucciones sobre la estrategia a seguir durante el atraco. Silvi y Zam escuchan atentas, aunque Zam no puede evitar reírse: esa lección la ha oído taaaantas veces...

Mara Jade da instrucciones sobre la estrategia a seguir durante el atraco, señalando sobre plano la posición que deberá ocupar cada una. Silvi y Zam escuchan atentas, aunque esta última no puede evitar reírse: esta lección la ha oído taaaantas veces...

Empezaremos con algo flojito, no vayáis a asustaros a la primera de cambio…

Fue un sábado de 2008. Teníamos reserva para cenar en un restaurante con otras 6 personas.

Zam y yo habíamos estado juntas de compras esa semana. En la tienda, delante de uno de los espejos, nos dimos cuenta de que nuestros gustos en aquello del vestir coincidían bastante, tanto como para haber elegido el mismo vestido, cada una por separado, y salir idénticas del probador para nuestra sorpresa. No podía ser casual, teníamos que comprarlo ambas. En ese momento urdimos el plan: iríamos iguales a la cena y haríamos lo que se presupone que hacemos las féminas ante otra tipa vestida como nosotras, es decir, odiarnos a muerte.

El resto de días de la semana los pasamos preparando los complementos, cuanto más estrambóticos mejor: horquillas horteras para el pelo, pulseras en la misma muñeca, anillo con pedrolo (joder, ¡qué cosa más incómoda!)… incluso llevaríamos un bolso morado a juego casi idéntico. Todo discreción y sencillez que se completaba con un utensilio ya entonces imprescindible en nuestras expediciones nocturnas: nuestras espadas láser.

Llegó la hora de la cena. Nosotras habíamos quedado antes para ensayar la función que los otros comensales iban a presenciar. Por supuesto, una de las dos llegaría tarde. Me tocó hacerlo a mi.

Cuando entré en el restaurante todos estaban sentados excepto Zam, que se encontraba en plena exhibición de las posiciones de luz de su espada láser ante los presentes. Al vernos idénticas encendimos las espadas y gritamos como posesas. ¡Cómo has podido, perra! ¡Dijiste que no entrarías en Dior! – ¡No es cierto! ¡Dije que no entraría en Prada! – ¡Jamás te lo perdonaré! ¿Quién te crees que eres, Mujer Blanca Soltera Busca?.

Los camareros y el resto de clientes nos miraban acojonados perplejos. Nuestros amigos comían pan y apenas nos hicieron caso. No lo entiendo.

Vaderforme01

Vaderforme02

Hubo incluso quien llegó más tarde aún que yo y no pudo presenciar la función. Tardó más de una hora en decir

Vuestro vestido es parecido, ¿no?

Este nuevo fracaso no nos detuvo. A partir de entonces, este atuendo se convirtió en nuestro “Vaderforme de invierno”, y es la indumentaria oficial del Imperio cuando salimos en misión especial, es decir, cuando tenemos previsto cometer alguna fechoría. Alguno de vosotros ya lo ha catado. Los demás, volveréis a verlo por aquí pronto. Demasiado pronto.

Ante los desafortunados hechos acaecidos con algunos comentarios del post anterior, Zam y yo os debemos una explicación y, como José Isbert, os la vamos a dar.

Reconocemos nuestra parte de culpa pues, de un año a esta parte, coincidiendo con la apertura oficial de esta nuestra Academia, nos encontramos en plena regresión personal a modo de flashback imaginario adoptando un comportamiento lo más infantiloide posible. No es fácil comprender esta nueva actitud, cuya naturaleza escapa a los ojos del vago observador, pero hemos comprobado que esta nueva filosofía de vida resulta de lo más gratificante en nuestras relaciones personales, eso sin enumerar las muchísimas utilidades que ello reporta, como por ejemplo dar pena a la policía en los controles rutinarios y evitar multas innecesarias, hacer que un coche patrulla te abra paso a pesar de haberte metido con el coche por una calle peatonal en el centro de Madrid, conseguir varios productos gratis en pescaderías y fruterías al verte los tenderos tan desvalida que podrías ser incapaz de diferenciar un kiwi de una sandía (esto de conseguir comida se me da realmente bien. Prometo escribir alguna vez sobre ello).

En conclusión: nos hemos dado cuenta de que es mucho mejor pasar por subnormal y luego, en caso de ser necesario, apuntillar al listo de turno (si es que lo merece, claro). De esta forma podemos evitar situaciones reales como las siguientes:

SITUACIÓN A:  – “Mira, bonita, si quiero estar con un colega no te llamo a ti, llamo a mis amigos” – (tío acojonao huyendo a toda prisa).

SITUACIÓN B: – “Joder, no sabes lo raro que me siento. Flipo con vosotras. Es que incluso conoces a Papageno, flipo. Y luego, lleváis toda la noche vacilando. Joder, que habitualmente soy yo el que vacilo a la gente y hoy me habéis dado cien vueltas” – (tío acojonao huyendo a toda prisa).

Y así hasta infinitas anécdotas similares.

Por todo ello hemos decidido comenzar con el monográfico “Actitudes vergonzantes“, que es como han sido calificadas por algunas personas. Podréis disfrutar de multitud de imágenes, probablemente ya por fin sin la cara tapada (aunque me lo tengo que pensar un poco más, la verdad) que muestran el por qué de esa vergüenza ajena expuesta aquí la semana pasada.

En breve la primera parte.

Pelillos, sabemos que estás ahí…Como nos dijiste que tienes memoria de pez te la refrescaremos (la memoria)… Somos nosotras, las que te preguntamos si parecemos putas al ir con nuestros Fernandos, las que te han amenazado con robarte los jamones y atracar el CCM de La Roda (un saludo a tu compañera la de los miguelitos), las que van con plumas de mujeres del arroyo, ¿caes ahora en quienes somos? Sí, hombre, Mara Jade era Aries y Zam Capricornio…

Como confirmaste que TÚ no te avergonzabas de nosotras te dedicamos este post. Por eso… y también porque nos cobraste una caña de más, que solo nos tomamos 3, desharrapado. Sí, sí, tres, que Mara Jade se rajó en la segunda y pidió agua… Creo que se estaba mareando con los 180º que llegas a adoptar.

Este post es la prueba, no vaya a ser que se te olvide que pagamos 4,80€ y nos tomamos solo tres cañas. El día 9 nos lo cobraremos. Prepárate.

Εναντίον είτε

Δύο kisses

Janine era una de las tres azafatas de “Si lo sé no vengo“.

"Sois unos mierdas. Todos"

"Sois unos mierdas. Todos"

Este programa de televisión, en su afán de pretender ser simpático y distendido, contaba con un presentador al que le habían pegado una sonrisa a la cara, el aún hoy sonriente Jordi Hurtado. Janine parecía competir con él a la hora de enseñar los dientes. A mi me daban el mismo miedo los dos, ya que nunca terminé de creerme tanta felicidad. Para mi eran unos hipócritas. Tanta sonrisa tenía que ser mentira.

La emisión de este concurso coincidió de lleno con la pérdida paulatina de mis dientes de leche. Cuanto más se veían mis encías, más se les veía a ellos la dentadura. Era una auténtica competición de sonrisas forzadas lo que llevaban a cabo estos dos personajes.

Janine-Jordi

- Yo tengo más dientes que nadie en el mundo.- Te equivocas, Janine. Soy yo.

El caso es que, tal y como decían Los Módulos, todo tiene su fin y Si lo sé no vengo no iba a ser una excepción. Janine se quedó en el paro, pero pronto pudo volver a llenarnos la pantalla con su dentadura gracias a su imprescindible labor en El Tiempo es Oro, junto a Constantino Romero. Bueno, en realidad junto a él no es que estuviera mucho, ya que ella prácticamente se limitaba a hacer una aparición estelar en la prueba final, y sólo en el caso de que quedara sin resolver. En esta prueba el concursante finalista, ayudado por unos amigos, tenía que responder correctamente una pregunta enrevesadísima valiéndose de varias enciclopedias que estaban a su disposición. Si se agotaba el tiempo y no había conseguido dar con la solución, Constantino invitaba a Janine a mostrarla. A continuación aparecía ella contoneándose con sus tacones. Se dirigía a una de las estanterías y cogía uno de los tomos mientras la cámara mostraba un primer plano casi grotesco de su cara. Aprovechaba entonces para dejar asomar sus millones de dientes entre el carmín rojísimo, poniendo cara de “¡Ay, alma de cántaro! Si es que tenías que haber cogido este libro…“. Lo abría por la página exacta, lo colocaba sobre un atril y nos mostraba una finísima manicura, con color rojísimo a juego con los labios, al ir señalando palabra por palabra, el párrafo exacto donde se encontraba la solución al enigma. En la pantalla sólo se veía su uña perfecta que se iba moviendo bajo cada palabra que leía una voz en off masculina, por supuesto.

A una mellada como yo se le ocurrían varias preguntas:

- ¿Por qué lo lee un tío invisible? ¿Janine no sabe leer? ¿Y entonces por qué trabaja en un programa cultural? ¿Será por sus uñas? – entonces me sacaba de mis pensamientos un manotazo de mi padre en la boca mientras voceaba “¡Que te he dicho mil veces que no te muerdas las uñas!”

Me miraba las manos perpleja comprobando el estado deplorable de mis dedos.

- ¡Huy! ¡Jamás podré ser como Janine! Bueno, pero es que yo sé leer. ¡Ya sé, seré la voz en off! Así podré seguir mordiéndome las uñas siempre y no tendré que llevar esos tacones. ¡No, mierda! La voz en off es de un señor y yo nunca tendré esa voz. Es igual, ya lo he decidido: ni puedo ni quiero ser como Janine. Haré todo lo posible por evitarlo.

Y me dediqué de lleno a hacer de mi dedo índice algo digno de ocultar. A día de hoy sigo en ello.

Indices3

(1): Uña roída al límite. También sirve para señalar, pero menos.

(2): Cicatriz que me recuerda lo peligroso que puede llegar a ser meter el dedo en un enchufe, pero todo riesgo es poco para conseguir diferenciarse de Janine.

Gracias, Janine. Mi creación digital, mi pequeño monstruo, está dedicada a ti.

4 PM, hora sagrada de la siesta en este nuestro imperio.

RIIIIIING   RIIIIIIING – identificación de llamadas oculta.

- ¿Dígame?

- Buenas tardes, soy Fulanita de Mengánez. Le llamo de Telefónica.

- (bostezo sonoro). Buenas tardes.

- ¿Es usted el titular de la linea?

- Así es. Yo soy LA titular.

- Verá, usted tiene contratada la línea ADSL de 6 Mb con llamadas, ¿correcto?

- Correcto.

- ¿Sabía usted que por lo mismo que está pagando podría contratar el TRÍO DE TELEFÓNICA?

- ¡No me diga! ¿En serio?

- Pues sí. No le supondría desembolsar ninguna cantidad adicional y su recibo mensual seguiría siendo exactamente el mismo.

- ¡Dios mío! ¡Y yo sin saberlo!

- ¿Estaría interesada?

- Hombre… es que así en frío… me lo tendría que pensar.

- Le repito que su factura mensual no se vería incrementada y podría disfrutar de todas las ventajas del Trío de Telefónica, que inclu…

- Bueno… a ver… ¿son limpios?

- ¿Perdone?

- Sí, que si son limpios. ¿Y cómo son? Me gustaría verlos antes.

- Perdone, creo que no me está entendie…

- Verá, es que como sean como los del trío de Vodafone… Que no es que follaran mal, pero es que me vinieron a casa sin una triste muda para cambiarse. Fíjese usted que tuve que sacarles unos calzoncillos de mi padre porque pretendían irse así, desnuditos, los pobres…

- Oiga, escúcheme.

- … y claro, comprenderá usted lo violento que resulta para mi hacerme la tonta cuando mi padre pregunta por dos de sus gayumbos.

- Señora, ¿me está vacilando?

- … pero bueno, siendo gratis… más me gasto en copas por ahí y total, ¿pa qué? Si no hay nada decente que…

Piii Piii Piii

- ¿Pero van a venir o qué? ¿Oiga? ¿Oiga? ¿Trío de Telefónica?

Pues no, no han venido. Malditos impresentables revientasiestas.

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